23 de abril de 2014

[Cómic] Nuevo Universo DC: Superman de Grant Morrison, Rags Morales y otros


Cuando hace un par de años DC quiso relanzar por completo todo su universo de ficción en un movimiento conocido como Los Nuevos 52 o sencillamente Nuevo Universo DC, la veterana serie Action Comics fue a parar a manos del guionista escocés Grant Morrison. Action Comics, que anteriormente nunca había sido renumerada por su sagrada condición de fundadora del género superheróico (al presentar en las páginas de su primer número a Superman en 1938), volvió a lucir un número 1 en su portada después de muchas décadas y presentó a la versión más actual del personaje que la hizo célebre. Morrison, acompañado por los lápices de Rags Morales, iba a ser el encargado de dar forma a un nuevo Superman para una nueva era.

El guionista ya había demostrado antes su destreza manejando la mitología del Hombre del Mañana (baste recordar la extraordinaria All Star Superman), pero también había dejado claro que sus trabajos no son aptos para cualquier paladar. Morrison concibe los cómics de superhéroes como una continua recuperación de las historias de la Edad de Plata, en las que los argumentos se caracterizaban por la exageración más disparatada, la imaginación desatada hasta rozar el absurdo y la sensación de que cualquier cosa era posible. Su amor por el género de superhéroes le llevaba - y le sigue llevando - a transmitir en cada nueva obra ese sentido de la maravilla que sintió cuando se acercó a su primer cómic siendo un niño. A este afán habría que añadirle su espíritu transgresor, que le hace idear historias que se escapan de los convencionalismos narrativos tan habituales en el cómic mainstream. Todo esto hace que, en definitiva, sus cómics dividan a los lectores en dos polos opuestos: los que no soportan sus guiones y los que adoran todas y cada una de las locuras que salen de su pluma. Con Morrison no hay un punto intermedio, pues si hay algo que podemos tener claro es que sus propuestas nunca suele dejar a nadie indiferente. ¿Qué sucedió entonces con su visión del Superman del Nuevo Universo DC? ¿Cómo fue recibida? Ahora que su etapa en Action Comics ha terminado podemos valorarla en su conjunto. ¿Está al nivel del resto de geniales locuras del escocés?

Más allá del evidente cambio estético, lo primero que llamó la atención del Superman de Morrison fue su carácter reivindicativo. Desde el principio, el Superman del Nuevo Universo DC se posicionó del lado de la gente que estaba siendo explotada por políticos corruptos e inmorales empresarios. Esto que parece tan actual en los tiempos de protestas sociales como el famoso movimiento Occupy, supuso también una vuelta a los orígenes del personaje: el Superman de finales de los años 30 y principios de los 40, lejos de ser un defensor a ultranza de las políticas del estado americano, no tenía ningún problema en ajustar cuentas con los ricos y poderosos que abusaban de su posición. Por tanto, el guionista estaba siendo fiel a la concepción original de Superman a la vez que lo utilizaba como símbolo de la época presente; la época de la crisis económica, de las protestas sociales y del descontento generalizado hacia la política y la economía. Se trataba, por tanto, de un Superman menos ingenuo respecto al american way of life y más cercano a la izquierda política. Incluso se llevaba mal con la policía y el ejército.


Pero este atrevido movimiento de Morrison fue un paso más allá, ya que su intención pasaba por deconstruir la propia naturaleza del personaje, despojarlo de su carácter icónico y buscar sus paralelismos con uno de los personajes más conocidos del folclore americano: Paul Bunyan. Allí es donde entró el dibujante Rags Morales diseñando su nuevo aspecto. La capa roja sería el único elemento que conservaría, pues la indumentaria con la que hizo su primera aparición consistía en una camiseta, unos vaqueros y unas botas de trabajo. El nuevo Superman iba a ser el Superman del pueblo y sus ropas eran una declaración de intenciones.

No obstante, esta visión del Hombre del Mañana era incompatible con el resto del Nuevo Universo DC. Superman tenía que aparecer en otras series como la de Liga de la Justicia, donde tenía que ofrecer un aspecto más canónico. De hecho, en la otra cabecera protagonizada por el personaje (titulada Superman a secas) ya aparecía con su icónico traje rojo y azul (o, más bien, con la versión de éste que se diseñó para el Nuevo Universo DC). Aunque esto se justificó en un principio diciendo que la serie de Morrison y Morales transcurría unos años antes en el tiempo, la rapidez con la que los vaqueros y las botas dejaron paso al uniforme kryptoniano habitual me resultó sospechosa. Si la serie transcurría en el pasado del Nuevo Universo DC y no estaba influida por el resto de colecciones, ¿por qué no mantener esa estética durante más tiempo? Creo que esto se debió a que el escocés chocó de frente con la política editorial. Después de todo, Superman es parte de una franquicia y, como tal, debe cuidar su imagen y no añadir cambios radicales que puedan disgustar a los consumidores. Cuando un personaje adquiere semejante categoría de icono, los cambios deben ser sutiles... y aún así pueden despertar polémica (ya ocurrió antes con la desaparición de los calzones rojos de su traje). Si la estética de este Superman del pueblo se hubiese mantenido durante varios años, ¿qué hubiese pasado con todos los productos que llevan una imagen del personaje sobre su superficie? Supongo que DC no quiso ni plantearse la pregunta y presionó a los autores para que volviesen a un aspecto más cercano al del Superman de toda la vida.

Sabiendo que las intromisiones editoriales en el trabajo de los autores han sido la norma desde el gran relanzamiento de DC, no me sorprendería que Morrison hubiese tenido que pasar por esta situación. Sus ideas para Superman eran bastante subversivas y es posible que la editorial se asustase con ellas. Esto explicaría por qué ese carácter reivindicativo del Hombre del Mañana se diluyó con tanta rapidez en favor de historias con menos carga política. El Superman del Nuevo Universo DC comenzó enfrentándose a empresarios corruptos, pero pronto pasó a hacerse cargo de invasiones alienígenas y enemigos procedentes de la Quinta Dimensión. La reivindicación dejó paso a la evasión de forma demasiado artificial, demasiado impropia de Morrison. Una vez más (como sucedió con New X-Men o Crisis Final) creo que sus ideas eran demasiado audaces como para poder compatibilizarse con un universo de ficción regido por una estricta política editorial que considera que los cambios radicales son peligrosos.


Así pues, diluido el espíritu rebelde y provocador, a Morrison no le quedó otra más que centrarse en la fantasía. No obstante, aún se pudieron ver muestras de sus reivindicaciones políticas y sociales en algunos detalles, como la presencia de un Superman afroamericano de un mundo paralelo que era presidente de Estados Unidos (y además tenía cierto parecido con Barack Obama) o de un Superman malvado que había sido concebido como una gigantesca franquicia global y que se imponía sobre cualquier alternativa de pensamiento. Este último personaje me resulta especialmente irónico, dado lo que acabamos de comentar sobre las intromisiones de DC en el trabajo de sus autores.

Centrándonos en el argumento, Morrison comenzó el primer arco con una historia sencilla en la que un primerizo Hombre del Mañana se enfrentaba con el Coleccionista de Mundos. Dicho personaje era la versión remozada de Brainiac, uno de sus villanos clásicos. El guionista concibió al nuevo Brainiac como un Inteligencia Artificial empeñada en preservar muestras de distintos mundos ante un inminente evento catastrófico. De esta forma, había ido miniaturizando y conservando ciudades de distintos planetas alienígenas hasta llegar a Metrópolis con la intención de añadirla a su colección. En este primer arco también se introducen dos villanos clave como son Lex Luthor y Metallo, aunque se me antoja que ambos están muy desaprovechados. Esto es especialmente sangrante en el caso de Luthor, que Morrison caracteriza de una manera muy interesante y también heredera de alguna de sus versiones clásicas. Leer una reimaginación de Superman en la que Luthor no es más que un mero secundario me resulta muy raro.


A partir de ese punto, ya con un Superman equipado con su uniforme y más cercano a su concepción canónica, Morrison se lanzó a contar una ambiciosa historia que sucedía simultáneamente en distintos momentos del tiempo. En ella no sólo recuperó a viejos personajes de DC como el Capitán Cometa, sino que además introdujo nuevos personajes como el Doctor Xa-Du o los Hombres K. Además, en dicha historia se permitió el lujo de recuperar elementos clave en la mitología de Superman: el portal a la Zona Fantasma, el perro Krypto, la Legión de Superhéroes y cierto personaje de nombre impronunciable procedente de la Quinta Dimensión. Resumiendo mucho, la trama de este arco argumental consistió en un ataque contra Superman que se produjo a través del tiempo, creando una compleja paradoja de las que tanto le gustan a Morrison y que relacionaba todo lo que había presentado en la colección hasta el momento.


Aunque podía resultar un tanto confusa al principio, esta historia fue una estupenda muestra de la pasión del guionista por la fantasía sin complejos. Alejándose de todo realismo, Morrison apostó por algunas de sus ideas más extravagantes y alucinógenas. A pesar de ello, me resulta curioso que esta etapa de Action Comics no armase demasiado ruido. Mientras que algunos de sus trabajos anteriores suscitaron encendidas polémicas, éste ha pasado casi sin pena ni gloria. Lo cierto es que - y con esto entro en mi valoración personal - estos cómics están bastante lejos de la brillantez de All Star Superman, pero poseen una chispa de ingenio y creatividad a la que sólo unos pocos pueden aspirar. Creo que Morrison no estuvo muy a gusto en esta serie y que tuvo que acelerar demasiado el ritmo de una historia que se hubiese disfrutado más de forma pausada. Quizá temiendo más presiones por partes de DC, tuvo que poner el turbo y comprimir sus planes para el personaje en un corto periodo. Tampoco ayudó el hecho de que contase con Rags Morales como dibujante regular, pues es bien conocido que se trata de un autor lento, poco apropiado para afrontar las fechas de entrega de una larga serie mensual. No creo que Morrison y Morales alcanzasen la deseada fluidez creativa por la sencilla razón de que el dibujante no podía seguir el ritmo del escocés.

A pesar de todo, el trabajo de Rags Morales es bastante notable. Con una estética que puede recordar a Will Eisner, el dibujante de obras como Crisis de Identidad ofrece una Metrópolis que combina clasicismo y modernidad, así como un Superman enérgico y potente. Sus páginas son dinámicas y rezuman dramatismo... al menos cuando tiene tiempo suficiente para darles un buen acabado, claro. Otros autores tuvieron que echarle una mano en más de una ocasión, rompiendo la unidad estética de la obra y con resultados desiguales. Entre ellos, el único que consigue destacar es Andy Kubert. Me pregunto qué hubiese sido de esta etapa si hubiese caído en manos de otro autor más cumplidor con las fechas de entrega como Kubert, que aquí sólo dibuja un par de números centrados en la Legión de Superhéroes. En mi opinión, este dibujante (que ya pasó por las páginas de Batman junto a Morrison hace un tiempo) hubiese sido un autor de lo más apropiado para el Superman del Nuevo Universo DC.


Por todo esto, la lectura de esta etapa de Grant Morrison y Rags Morales deja un sentimiento agridulce: posee grandes ideas que parecen haber sido truncadas de forma prematura, tiene un ritmo excesivamente acelerado, da la impresión de que podía haber dado más de sí y el dibujo es algo irregular, pero aún así está por encima de la media. Quizá esta etapa haya sido una pequeña decepción para lo que esperábamos algo al nivel de All Star Superman, pero incluso a medio gas el guionista escocés se sitúa por encima de gran parte del panorama actual del cómic mainstream americano.

20 de abril de 2014

[Cómic] Marvel NOW!: Iron Man de Kieron Gillen, Greg Land, Joe Bennett y otros


Hace algo más de un año que Panini está publicando en España la etapa del Hombre de Hierro dentro del gran relanzamiento de Marvel conocido como Marvel NOW!, por lo que es un buen momento para comentarla. Uno de los alicientes de dicho relanzamiento consistía en que casi todos los equipos creativos cambiaron sus series habituales en favor de personajes con los que no habían trabajado demasiado. Este fue el caso de Kieron Gillen y Greg Land, que venían de trabajar en La Imposible Patrulla X, una de las colecciones de la franquicia mutante de Marvel. De esta forma, ambos autores pasaron a la franquicia de los Vengadores, con la que Gillen ya había tenido cierto contacto gracias a su breve paso por las páginas de la serie de Thor tras la marcha de Matt Fraction. Curiosamente, su predecesor en Iron Man había sido el mismo Fraction, que venía de concluir una larga etapa junto a Salvador Larroca en la que había redefinido tanto al personaje de Tony Stark como a su mayor enemigo: el Mandarín. El Iron Man de Marvel NOW! lo tenía difícil para sorprender a los lectores, pues el listón estaba bastante alto.

De hecho, a priori esta nueva etapa de Iron Man no prometía demasiado. Frente a los Vengadores de Jonathan Hickman, el Capitán América de Rick Remender o el Indestructible Hulk de Mark Waid, Kieron Gillen tenía las de perder. No obstante, los que habíamos seguido los trabajos previos de este guionista sabíamos que ya se había sacado de la manga alguna joya en el pasado. Baste recordar la divertidísima miniserie de S.W.O.R.D. protagonizado por la Bestia y la Agente Abigail Brand o la excepcional etapa de Viaje al Misterio protagonizada por un joven Loki que encandiló a los lectores con sus triunfos y tragedias. En efecto, Gillen tenía grandes sorpresas reservadas para Iron Man, aunque tardó bastante en ponerlas en juego.

El primer arco argumental de Iron Man dentro de Marvel NOW! sirvió para acercar al personaje a su versión cinematográfica encarnada por Robert Downey Jr. Quizá esto se debió más a una decisión editorial de Marvel que a las ideas de Gillen, pero el hecho es que supuso un importante retroceso tecnológico que no beneficia para nada a un personaje tan vinculado en los últimos tiempos a la ciencia ficción. Los cambios quizá sirviesen para arañar algunas ventas por parte de nuevos lectores familiarizados con las películas de Marvel Studios, pero también borraron de un plumazo los grandes avances tecnológicos que llevábamos viendo en la serie del Hombre de Hierro desde que Warren Ellis introdujo la tecnología Extremis tiempo atrás. Aunque Extremis ya no formaba parte de Tony, los avances de su armadura estaba a años luz de lo visto en el cine: sin ir más lejos, el último modelo estaba compuesto por metales líquidos inteligentes que fluían sobre el cuerpo de Tony hasta formar su armadura. Gillen eliminó esta armadura en el primer número de su etapa y propuso un nuevo modelo. En adelante, Tony usaría una armadura modular cuyos componentes debían ser decididos de antemano en base a los requerimientos de cada misión. Por tanto, según sus necesidades del momento, debía renunciar a algunos accesorios en favor de otros.

Esto permitía que el dibujante pudiese introducir un nuevo diseño de armadura en cada aventura, desde modelos preparados para el sigilo y la infiltración hasta trajes de combate pesados herederos de la famosa armadura Hulkbuster. No obstante, se decidió darles algo de uniformidad cambiando la habitual paleta de colores roja y dorada por tonos algo más apagados que, en mi opinión, le sientan muy bien. Los que disfrutaron de la amplia galería de armaduras que apareció en la última película del personaje encontrarán atractiva la idea de ir cambiando de equipo con regularidad, pero personalmente creo que la idea no compensa el retroceso tecnológico. Creo que no merecía la pena acercarse a la versión cinematográfica a cambio de sacrificar los avances que se habían visto en la serie los años anteriores. La nueva armadura modular no puede competir con la nanotecnología, los enlaces neuronales y los metales inteligentes, desde luego.


Teniendo en cuenta esta pequeña crítica, resulta irónico que la serie de Kieron Gillen comience con el regreso de Extremis. Fue precisamente Extremis lo que supuso el principio del tremendo salto tecnológico de Tony, pero aquí da pie a ese retroceso que comentaba en el párrafo anterior. Después de que la organización científico-terrorista IMA (Ideas Mecánicas Avanzadas) acabe con la vida de la Doctora Maya Hansen, creadora del Extremis, y robe su invento, Tony tiene que entrar en acción. Sin embargo, llega demasiado tarde, pues IMA ya ha vendido el Extremis y hay cuatro muestras dispersas por el planeta. Durante el primer arco argumental, tendrá por tanto que recuperar dichas muestras. Pero los compradores de Extremis han ideado diversos usos para esa tecnología, que plantearán importantes dilemas morales a nuestro protagonista.

Este primer arco no destaca demasiado por su brillantez y además supone la muerte gratuita de Maya Hansen, en lo que parece un burdo movimiento para comenzar la historia con un giro dramático. El dibujo de Greg Land tampoco ayuda a que la historia mantenga el interés, pues su estilo fotorrealista hace tiempo que quedó desfasado y es evidente que resulta inadecuado para un cómic de superhéroes. A pesar de todo, Gillen aprovecha estos números para plantear una idea muy interesante: Tony ha visto tantas cosas desde que se convirtió en Iron Man que ya nada le sorprende y esto es algo muy negativo para alguien que está tratando de construir el futuro dentro del presente. Tony necesita reinventarse, afrontar nuevos desafíos y regresar con una perspectiva novedosa, apasionada y original. Por tanto, deja atrás la Tierra y pone rumbo al espacio profundo.


La idea de llevar a Tony al espacio vino del guionista Brian Michael Bendis, que quería tenerlo en su serie de los Guardianes de la Galaxia, pero Gillen supo aprovecharla para sacar al personaje de sus lugares habituales y enfrentarle con situaciones que no había visto antes. No era la primera vez que Tony viajaba al espacio ni mucho menos (lo ha hecho muchas veces desde la mítica saga de la guerra Kree-Skrull), pero sí era la primera vez que veíamos a un Iron Man abierto a nuevas experiencias, experimentando curiosidad y poniendo a prueba su inventiva lejos de la seguridad que siempre le han proporcionado su dinero, sus empresas y sus aliados.

Gillen va caracterizando poco a poco a Tony durante el nuevo arco, titulado El Asesino de Dioses. En dicho arco, Iron Man se enfrenta con las consecuencias de sus acciones contra el Fénix, la entidad cósmica que puso a la Tierra en peligro durante el evento Vengadores contra Patrulla X. En esa historia Gillen recupera a Cabeza de Muerte, viejo personaje de Marvel UK por el que siente cierta predilección, y también introduce a un nuevo personaje: 451, un renegado androide registrador rigeliano metido en complejas manipulaciones. El guionista ya había demostrada antes lo bien que sabe manejar a este tipo de personajes robóticos que consideran que el fin justifica los medios (es el caso de Unidad, personaje que empleó en S.W.O.R.D. y La Imposible Patrulla X) y consigue sorprender al lector con 451. Justo cuando Tony parece haberse reinventado a sí mismo, aparece 451 para hacerle dudar sobre todo aquello que creía cierto.


Así empieza el largo arco argumental titulado El origen secreto de Tony Stark, en el que nuestro protagonista descubre gracias a 451 que aún hay muchas cosas sobre su pasado que desconoce. Tony siempre ha sido un hombre hecho a sí mismo, un creador y un futurista que se ha basado en su imaginación. Durante esta historia se plantea la posibilidad de que esos rasgos que él consideraba definitorios fuesen en realidad fruto de una cuidadosa manipulación artificial. ¿Y si Tony Stark hubiese sido diseñado para ser quien es?


En esta saga es cuando Gillen pone todas las cartas sobre la mesa, ideando una trama entretenida, interesante y con un par de giros inesperados en su tramo final que dejan boquiabierto al lector. El tono de la historia no hace pensar que vayan a contarse cosas que cambien de forma radical el origen de Tony Stark, pero el hecho es que sí se cuentan. La resolución de este arco me parece estupenda y sólo por llegar a ella merece la pena seguir esta etapa. No voy a desvelar nada al respecto, pero baste decir que la sutileza y el buen gusto con el que el guionista introduce los cambios en el personaje son dignos de admiración.

La resolución de El origen secreto de Tony Stark introduce a un nuevo personaje en la vida de Tony: Arno Stark, a quien los lectores veteranos de Marvel conocerán como el Iron Man malvado del año 2020. Guillen juega con las expectativas del lector, planteando la duda de si este personaje acabará convertido en un villano. Después de todo, el año 2020 ya no está muy lejos.

En el último arco argumental hasta el momento, Iron Metropolitan, Tony y Arno planean construir la ciudad del futuro... sobre las ruinas de la vieja ciudad de su enemigo, el Mandarín. En ausencia del villano (al que supuestamente vimos morir en la etapa de Fraction y Larroca), sus anillos tienen planes propios y están reclutando nuevos portadores para evitar que Tony se salga con la suya. El último número publicado por Panini amenaza con la llegada de diez portadores, cada uno armado con uno de los anillos del Mandarín. La idea es muy interesante y tiene mucho potencial, por lo que habrá que estar atentos a las próximas entregas de la colección para ver en qué desemboca.


En Iron Metropolitan, Guillen también plantea una interesante cuestión acerca del papel de Tony en la política global. Como hombre de negocios, está claro que nuestro protagonista es un capitalista. Además, tradicionalmente ha apoyado al gobierno de Estados Unidos con su tecnología, lo que hace que parezca cercano a posturas conservadoras. ¿Cómo se tomará el gobierno americano que construya su ciudad del futuro frente a las costas de China?

Iron Metropolitan también supone la llegada del nuevo dibujante, Joe Bennett, cuyo trabajo es mucho más efectivo y atractivo que el de Greg Land. Bennett no es un dibujante excesivamente espectacular, pero pone en evidencia a Land con su atención por el detalle y la expresividad de sus rostros. Si hay algo que no soporto de Land son las caras de sus mujeres, que además de ser todas iguales siempre parecen estar sumidas en un eterno orgasmo. Con la llegada de Bennett, Pepper Potts vuelve a parecer una mujer normal y corriente y no una grotesca muñeca sexual.

Ya que hablamos del antiguo interés romántico de Tony, es preciso comentar que la actual responsable de Stark Resiliente no se pasa demasiado por las páginas de la serie, aunque su presencia se hace notar con intensidad. Poco antes de salir al espacio, Iron Man diseña una nueva Inteligencia Artifical para su armadura que viene a ser una evolución del J.A.R.V.I.S. que vimos en el cine. Se trata de P.E.P.P.E.R., una IA femenina basada en Pepper Potts. Por lo visto en los últimos números, esta IA jugará un papel fundamental en la construcción de la ciudad del futuro de Iron Metropolitan.

Concluyendo ya, se podría decir que el Iron Man de Marvel NOW! tarda bastante en arrancar. El primer arco argumental es bastante flojo, pero el interés comienza a dispararse a partir del viaje de Iron Man al espacio y el comienzo de El origen secreto de Tony Stark. A partir de ese punto las ideas de Guillen empiezan a tomar forma y llegan a su punto álgido con la revelación final de dicho arco. La conclusión de El origen secreto de Tony Stark supone un nuevo rumbo para Iron Man que aún apenas se está esbozando en Iron Metropolitan. Todavía es pronto para saber si esta etapa podrá codearse de igual a igual con la de Fraction y Larroca o con otras etapas influyentes del personaje, pero su potencial para convertirse en un futuro clásico es evidente. Pese al poco acertado arranque inicial y a la presencia del nada inspirado Greg Land, el Iron Man de Marvel NOW! es una lectura muy recomendable que además resultará bastante accesible a los nuevos lectores, ya que de momento está bastante al margen del resto del Universo Marvel (ni siquiera la temporada de Tony como parte de los Guardianes de la Galaxia tiene su reflejo en las páginas de esta serie más allá de una breve aparición de Starlord en un par de viñetas). Por todo esto, si alguien está interesado en leer la serie mensual de Iron Man y aún no se ha decidido, éste podría ser un buen momento.

7 de abril de 2014

[Cómic] Reseña de Maus, de Art Spiegelman

A lo largo de la historia del cómic han aparecido algunas obras que han supuesto un punto de inflexión en el medio, ya sea por sus hallazgos formales o por su contenido narrativo. Dichas obras han expandido los límites del cómic, le han proporcionado prestigio y reconocimiento y han permitido que cada vez sea más considerado como una forma de arte en lugar de como un mero entretenimiento para niños. Entre esas obras clave, sin duda Maus ha sido una de las más importantes.


Art Spiegelman, hijo de una pareja de judíos polacos supervivientes del campo de exterminio de Auschwitz, siempre sintió el peso del pasado sobre sus hombros. Aunque nació después de que terminase la Segunda Guerra Mundial, gran parte de su familia (incluyendo a su hermano Richieu, a quien nunca llegó a conocer) murió durante el Holocausto. Por tanto, no resulta extraño que sintiese interés en comprender lo que supuso sobrevivir a esa experiencia. Acercarse a la memoria de su familia era una manera de aclarar las consecuencias que aquellos años de sufrimiento habían tenido sobre sus padres y sobre él mismo. Quizá - debió pensar Spiegelman - conocer aquellas vivencias le permitiría también comprender el suicidio de su madre, llevado a cabo muchos años después del Holocausto cuando su familia ya había emigrado a Estados Unidos.

Maus es principalmente una biografía de Vladek Spiegelman, el padre del autor, narrada por él mismo e ilustrada por su hijo. Art Spiegelman no duda en dibujarse a sí mismo como un personaje más del cómic, mostrando las entrevistas que mantuvo con su padre para recabar el material que necesitaba para elaborar la obra. Siguiendo el hilo de la narración de Vladek, el cómic salta frecuentemente al pasado para plasmar su vida antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, como en toda narración oral, los acontecimientos no siempre se cuentan en estricto orden cronológico. Vladek tiene cierta tendencia a divagar y sus problemas presentes (sobre todo su relación con su segunda esposa) suelen interferir en su relato del pasado. Vladek además es un hombre difícil: es tacaño, impaciente, intolerante, manipulador y se preocupa excesivamente sobre su dinero y sobre su salud, lo que pone a prueba la paciencia de su hijo en más de una ocasión. En cierto sentido, Maus también es un tratado acerca de la relación entre padre e hijo, siendo la narración sobre el Holocausto una excusa que permite al autor acercarse a un progenitor con quien se antoja que nunca tuvo una buena relación.

Esto hace que Maus sea algo más que una simple biografía, pues no se limita a plasmar la vida de Vladek. El autor realiza una continua búsqueda de respuestas en su afán por comprender las consecuencias de aquellos tristes eventos, para lo cual el recurso de contraponer el pasado y el presente es fundamental. ¿Se debe el comportamiento de su padre a sus experiencias durante la guerra? ¿Es una consecuencia natural las penurias que vivió en el campo de exterminio? ¿O quizá es producto de haber perdido a tantos familiares y amigos (incluyendo a su primer hijo) por culpa de la persecución de los nazis? El autor no encuentra una respuesta fácil a estas preguntas, pues el mero hecho de pensar en el Holocausto resulta angustioso. ¿Cómo puede alguien que no ha vivido un horror tan inabarcable como ése llegar a comprenderlo? ¿Acaso puede llegar a comprenderse siquiera? En uno de los momentos más escalofriantes del cómic, uno de los personajes plantea que para que la gente actual llegue a comprender lo que supuso en realidad el Holocausto debería sufrir uno nuevo y aún mayor.

El autor se plantea muchas preguntas acerca de su padre, del suicidio de su madre y de un hermano al que nunca conoció pero al que siempre percibió como un rival en la competición por el cariño de sus progenitores. Demasiadas preguntas y ninguna respuesta clara. Ni siquiera zambullirse de cabeza en el Holocausto llega a proporcionarle las ansiadas respuestas que le permitirían tolerar mejor la carga que supone el pasado de su familia. Si es cierto que la humanidad se define más por su capacidad para plantear preguntas que por sus posibilidades de aportar auténticas respuestas, entonces Maus es una obra desgarradoramente humana.


Art Spiegelman desarrolló gran parte de su carrera dentro del cómic underground. De hecho, Maus se sitúa a medio camino entre una novela gráfica (tal y como la entendemos hoy en día) y un cómic underground hecho con los mínimos recursos y con un espíritu crítico e inconformista. Uno de los elementos que hacen tan especial a esta obra es el acercamiento que hizo al autor al Holocausto en clave de fábula, relacionando cada una de las etnias y nacionalidades que aparecen en la historia con un animal. De esta forma, los judíos aparecen como ratones, los alemanes como gatos, los americanos como perros y los polacos como cerdos. Se trata de una metáfora que se explica a sí misma, por lo que no hay necesidad de extenderse más en ella. No obstante, el hecho de que Maus sea una especie de fábula no elimina la crudeza de lo que se narra, sino que irónicamente potencia la sensación de horror y proporciona un tinte macabro a todo el relato. Maus es un cómic muy duro que transmiten una gran sensación de desasosiego al lector. Parece sorprendente que unos personajes tan simples como los ratones antropomórficos que dibuja Art Spiegelman expresen tanta angustia, pero el trazo sucio y quebrado del autor consigue plasmar la atmósfera opresiva que requiere un relato centrado en esos años oscuros.

Pero la influencia del underground en Maus va más allá de la simple estética, pues el autor introduce un par de pasajes que se desmarcan del resto de la obra y cuyo tono se aproxima de forma clara a ese tipo de cómic. Por un lado, incluye las páginas de una historia corta titulada Prisionero en el Planeta Infierno en la que aborda su reacción al suicidio de su madre y, por otro, realiza una pequeña pausa en el relato para plasmar sus propias dudas acerca de lo que está contando. En este revelador momento, el autor se dibuja a sí mismo no como un ratón, sino como un hombre que lleva una máscara de ratón. Además, en esa escena dibuja su mesa de trabajo sobre una pila de cadáveres, en una poco sutil metáfora de una carrera cuyo mayor éxito se sustenta sobre el recuerdo de las víctimas del nazismo. Son estos momentos tan rabiosamente sinceros, tan genuinamente underground, los que más y mejor nos permiten acercarnos a la realidad interna del autor.

En el aspecto formal, Maus es (y sigue siendo) un cómic rompedor. No sólo empleó de formas novedosas los recursos habituales, sino que aportó nuevos recursos que en la actualidad se consideran fundamentales. Su influencia sobre obras posteriores, en especial sobre aquellas que se han agrupado bajo la etiqueta de novela gráfica, es indiscutible. Es más, me atrevería a decir que su lectura es imprescindible para entender el mundo del cómic.


Se ha escrito mucho acerca de Maus y se seguirá escribiendo en el futuro. Aún no se ha dicho la última palabra sobre este cómic y la prueba es que el propio Art Spiegelman decidió volver sobre él en su último trabajo, que lleva el esclarecedor título de MetaMaus. Algo tiene este cómic que resulta fascinante y que permite aproximarse a él desde puntos de vista muy distintos. ¿Es su complejidad? ¿Es su crudeza? ¿Es quizá su capacidad para emocionar al lector? Resulta difícil definir lo que hace que Maus sea tan especial. Es una obra sobre el Holocausto - otra obra más, como dirían algunos -, pero también es una historia sobre un hijo incapaz de comprender a su padre. Es un cómic sobre una tragedia universal, pero al mismo tiempo es un trabajo íntimo, personal y subjetivo de un autor muy particular. Es, en conclusión, una lectura a la que hay que regresar cada cierto tiempo, pues siempre tiene algo nuevo que aportar.