17 de febrero de 2012

[Cómic] Reseña de "Lo mejor de Carlitos y Snoopy", de Charles M. Schulz

"Lo mejor de Carlitos y Snoopy" es una antología de tiras cómicas publicada recientemente por Random House Mondadori en su colección DeBolsillo. Cuesta 12,95 euros y ofrece una selección de algo más de 280 páginas con algunas tiras que ya forman parte por derecho propio de la historia del cómic.


Carlitos (Charlie Brown en el original), su peculiar perro Snoopy, Lucy la eterna cascarrabias, Linus y su omnipresente mantita, Schroeder el pianista devoto de Beethoven y todos los demás personajes creados por el genial Charles M. Schulz hace más de sesenta años son, sin lugar a dudas, auténticos iconos de nuestra era. Aunque para Schulz el cómic no era más que un "arte menor", sus años de trabajo en las tiras de "Peanuts" despertaron tantas risas como reflexiones. Pocas veces una sencilla tira cómica ha sabido ahondar tanto en las inquietudes y la angustia existencial que subyacen bajo la sociedad moderna. Pocas veces las andanzas de un niño acomplejado han estado tan cargadas de ingenio y mordacidad. Pocas veces un simple autor de un "arte menor" ha transmitido tanta filosofía con sus dibujos.

Schulz, un profesor de arte que había servido en el ejército estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, comenzó a publicar su primer trabajo, una tira cómica protagonizada por un grupo de niños titulada "Little Folks", en un periódico local. Pronto dicha tira daría lugar a otra: "Peanuts", que se publicó de forma inninterrumpida desde octubre de 1950 hasta febrero de 2000. La última tira se publicó un día después del fallecimiento de su creador, aquejado de severos problemas de salud derivados de un cáncer en estado avanzado.

Tantas décadas de dedicación a los personajes de "Peanuts" contibuyeron a crear un rico universo en el cual el autor vertió buena parte de sí mismo. El protagonista, Carlitos, fracasado empedernido y sufridor de un inmenso complejo de inferioridad, se puede considerar un reflejo del propio Schulz. Una de las características principales de la obra de este autor es la completa ausencia de adultos, que nunca aparecen en sus tiras. Únicamente aparecen los niños, a través de los cuales Schulz se adentra en los enrevesados y complejos conceptos que conforman el mundo adulto, cargado de contradiccones y absurdos. Muy especialmente, las tiras de "Peanuts" ahondaron en la realidad del llamado "sueño americano" y, por extensión, en el modo de vida de toda la sociedad del bienestar. "Peanuts" también fue uno de los pioneros del "slice of life", un género que reflejaba la vida cotidiana en contraposición a otros que se adentraban en la ficción y la fantasía. "Peanuts" es un cómic sobre las pequeñas cosas del mundo infantil: volar cometas, jugar al béisbol, ir al colegio o al campamento...

"Lo mejor de Carlitos y Snoopy" incluye algunos de los momentos más hilarantes de las vidas de Carlitos y su pandilla. Podríamos destacar los consejos psiquiátricos de Lucy, los intentos de Linus para desengancharse de su mantita de seguridad, los diálogos de Sally con la pared del colegio, las fantasías de Snoopy como piloto de la Primera Guerra Mundial o el romance unidireccional entre Carlitos y la chica pelirroja. Este tomo constituye una buena oportunidad tanto para descubrir el pequeño universo de "Peanuts" como para reencontrarse con él. Son historias para disfrutar pero también para reflexionar, pues esconden una profundidad inusitada. Las tiras de "Peanuts" insuflan sabiduría cotidiana en pequeñas dosis pues, aunque no se enseñe en el colegio, Schulz era todo un filósofo.

12 de febrero de 2012

[Literatura] Reseña de "La Ladrona de Libros", de Markus Zusak

Cuando leemos un libro pensamos que queremos conocer el final, pero esta idea es engañosa. En el fondo ya conocemos el final, pues sabemos que todas las historias acaban de la misma forma si les damos el tiempo suficiente: con la muerte de los personajes. La muerte espera, inevitable, tras el final de cada historia. Incluso cuando se han agotado las páginas del libro y sus personajes siguen adelante sabemos que la muerte prepara su llegada. Desde este punto de vista, las sorpresas y el misterio no tienen cabida real en ningún libro. Por mucho que nos dejemos engañar y que deseemos el ansiado final feliz para los personajes cuya trayectoria seguimos página a página, no debe sorprendernos que su destino les conduzca irremediablemente hacia la muerte. Al fin y al cabo, todos morimos. Toda historia, real o ficticia, alcanza su auténtica conclusión con la muerte. Por tanto, ¿quién puede narrar mejor mejor una historia que la propia muerte? En "La Ladrona de Libros", de Markus Zusak, la muerte ejerce de narradora y nos cuenta una de las muchas historias que conoce: la historia de una niña que robaba libros y regalaba palabras.

El autor:

Markus Zusak es un escritor australiano nacido en Sydney en 1975. Su nombre original era Branko Cincovic, aunque decidió cambiarlo a la edad de 19 años, cuando dejó su casa y comenzó a interesarse por la escritura. De ascendencia alemana y austríaca, este autor creció escuchando historias sobre la Alemania Nazi, los bombardeos sobre Munich y las marchas de los judíos hacia los campos de concentración. Siempre se sintió atraído por esas historias, muchas de las cuales se alejaban de los estereotipos sobre la época. "Tenemos esas imágenes de los chicos marchando en línea recta y los "Heil Hitlers" y esa idea de que todo el mundo en Alemania iba en el mismo barco. Sin embargo, hubo niños rebeldes, personas que no seguían las reglas y personas que escondieron a judíos en sus casas. Así que hay otra cara de la Alemania Nazi" dijo en una entrevista a un periódico australiano.

A los 30 años, Zusak comenzó a hacerse un nombre como escritor de literatura juvenil con títulos como "The Underdog", "Fighting Ruben Wolfe" y "When Dogs Cry". Su primer gran éxito fue "The Messenger", en 2002, merecedor de varios premios por la calidad de su prosa. No obstante, pasaría a ser conocido internacionalmente gracias a "La Ladrona de Libros", una novela publicada en 2005 y ambientada en la Alemania Nazi que constituía el relato que este autor siempre quiso contar. Zusak quiso hacer suyas esas historias con las que había crecido y encontró las herramientas apropiadas para esta tarea en su narrativa cargada de lírica. "La Ladrona de Libros" se convirtió rápidamente en un best seller y fue traducido a diversos idiomas. El éxito de esta novela permitió que se comenzase a publicar el resto de su obra en otros países. De hecho, "The Messenger" ya ha sido publicado en España bajo el título de "Cartas Cruzadas".

La obra:
"El corazón de los humanos no es como el mío. El de los humanos es una línea, mientras que el mío es un círculo y poseo la infinita habilidad de estar en el lugar apropiado en el momento oportuno. La consecuencia es que siempre encuentro humanos en su mejor y en su peor momento. Veo su fealdad y su belleza y me pregunto cómo ambas pueden ser lo mismo. Sin embargo, tienen algo que les envidio: al menos los humanos tienen el buen juicio de morir."
La propia muerte es la narradora de "La Ladrona de Libros", una emotiva novela que nos cuenta la historia de una niña alemana llamada Liesel Meminger. Según nos informa la inusual narradora, la historia de Liesel es sólo una más de las muchas historias que conoce y que ha atesorado con el paso del tiempo. Antes de conocer con exactitud la historia de Liesel, la muerte se cruzó tres veces en su camino. La narración comienza con esos tres encuentros fugaces, antes siquiera de introducir a los personajes de la historia o de presentar el contexto en el que se mueven. Por tanto, conocemos desde el principio gran parte de lo que va a suceder a lo largo del libro, aunque no podemos conectar lo suficiente con esos sucesos al carecer de la información necesaria. Son tres retazos con los que es difícil empatizar, pero que determinan profundamente el devenir de la novela. El primer encuentro lo conoceremos poco después de empezar el libro, pero tendremos que esperar hasta casi el final para descubrir los otros dos. Para entonces no sólo conoceremos a la perfección a los personajes implicados, sino que habremos podido empatizar e incluso encariñarnos con ellos. Teniendo en cuenta quién narra la historia, no debe sorprendernos demasiado cuál es su desenlace, pero el autor usa con destreza este recurso de adelantarnos el final cuando ni siquiera ha empezado la historia para ayudarnos a transmitir el mensaje principal de su obra: lo importante no es hacia dónde se dirige el argumento, sino lo que ocurre mientras llegamos a ese punto. ¿Y qué es lo que ocurre mientras llegamos al final? La respuesta es muy sencilla: la vida; eso es lo que ocurre.

Es la peculiar naturaleza de la narradora la que permite una continua reflexión acerca de los acontecimientos narrados y, muy especialmente, de su conclusión. La muerte, como un ente externo, observa a los humanos, contempla sus obras e interviene cuando es necesario. Incapaz de comprender en su totalidad a las personas, pero fascinada por ellas, la muerte lleva a cabo su trabajo como siempre ha hecho y siempre hará. Su labor iguala a todos los que recoge, pues no hace distinción entre hombres y mujeres, niños y adultos, ricos y pobres, nazis y judíos. Esta visión de la muerte, lejos de la angustia que provoca su mera mención en la sociedad actual, es uno de los elementos más atractivos de "La Ladrona de Libros". Pocas veces se presenta a la muerte como un ser capaz de amar a los humanos y de sentirse atraído por sus historias. El lector que no esté familiarizado con la visión de la muerte que nos regaló Neil Gaiman en "The Sandman" se sorprenderá ante la sensibilidad de la narradora de "La Ladrona de Libros".

No obstante, hay que puntualizar un pequeño detalle sobre la concepción de la muerte de Markus Zusak. Ella no es, ni mucho menos, la encargada de segar las vidas de los humanos, sino que su trabajo consiste únicamente en recogerlos una vez su vida ha terminado. El verdadero rostro de la muerte hay que buscarlo en otra parte. A veces la muerte es un desastre o un accidente, a veces es una enfermedad, pero otras veces el rostro de la muerte es otro bien distinto y muy conocido. En palabras de la propia narradora: "No llevo ni hoz ni guadaña. Sólo cuando hace frío visto un hábito negro con capucha. Y no tengo esos rasgos faciales de calavera que tanto parece que os gusta endilgarme, aunque a distancia. ¿Quieres saber qué aspecto tengo en realidad? Te ayudaré. Ve a buscar un espejo mientras sigo."

Nadie sabe más acerca de la muerte que los propios humanos, que han dedicado, dedican y dedicarán siempre gran parte de su existencia a repartir muerte entre sus congéneres. Esto fue especialmente cierto en los años de la Alemania Nazi y la Segunda Guerra Mundial, donde innumerables miles de personas murieron a manos de otras personas. En esta época se ubica la historia que nos narra la muerte: la historia de Liesel, la ladrona de libros. Esta niña, con apenas nueve años, se separa de su madre para vivir con una familia de acogida de Molching, una pequeña ciudad situada a las afueras de Munich. Liesel pasará su infancia allí, en Himmelstrasse, una de las calles más pobres de Molching, junto a Hans y Rosa Hubermann, sus padres de acogida. Mientras se produce la ascensión del nazismo y el fantasma de la guerra comienza a hacerse tangible, Liesel comenzará una compleja relación de amor y odio con los libros. Esta niña se convertirá en una ladrona de libros y encontrará y regalará esperanza y sabiduría en las palabras impresas. La historia de "La Ladrona de Libros" es, sobre todo, una hermosa oda a los libros.

El autor usa una prosa sencilla, cargada de un gran lirismo que en ocasiones se convierte en auténtico onirismo, para narrar la vida de Liesel en Himmelstrasse. A través de ella se presenta una realidad a la que pocas veces se presta atención. Aunque se han escrito muchas historias acerca de la Alemania Nazi y la Segunda Guerra Mundial, muy pocas han prestado atención a la auténtica realidad del pueblo alemán antes de que comenzase el conflicto. El desamparo, la pobreza y la sensación de derrota se habían apoderado de los alemanes y, mientras que algunos veían en el nazismo la recuperación del orgullo perdido, otros se contentaban con una vida humilde y veían con malos ojos la creciente persecución a la que se veían sometidos sus compatriotas judíos. Algunos de ellos incluso arriesgaron sus propias vidas ayudando y escondiendo a judíos en sus propias casas, un tema que será de crucial importancia en el desarrollo de "La Ladrona de Libros".

La guerra ocupa, sin embargo, una pequeña parte del libro. Aunque la historia se dirige inevitablemente hacia ella, como ya se nos adelanta desde el principio, la narración no se centra en lo que sucede durante la guerra sino más bien en lo que sucede durante los años previos. Algunos de los fragmentos más bellos del libro cuentan las andanzas de Liesel en Himmelstrasse, su vida con sus padres de acogida, su relación con otros niños de su edad, sus pequeños aciertos y sus pequeños fallos; las cosas de las que, en definitiva, está hecha la vida. Con frecuencia es difícil distinguir entre los mejores y los peores momentos, pues la vida es un continuo tira y afloja, una mezcla entre alegría y tristeza, triunfos y tragedias. Una vida; eso es lo que nos narra "La Ladrona de Libros" con sinceridad y emotividad.

El extraordinario retrato de los personajes es otra de las grandes virtudes del libro. Se trata de una caracterización cargada de humanidad, con gran riqueza en matices y alejada de los típicos clichés. Por muy extraordinarios que puedan ser los eventos que alcanzan a los personajes en un momento determinado de la narración, éstos son seres ordinarios y, precisamente por ello, se perciben como seres cercanos hacia los que es fácil empatizar e incluso sentir cierta admiración. Conozcamos un poco a estos maravillosos personajes: Hans Hubermann, un hombre tranquilo, sencillo. humilde, amante de la vida y con fuertes principios que le traerán más de un problema; Rosa Hubermann, una mujer severa, exagerada y escandalosa que esconde un enorme corazón en su pecho; Rudy Steiner, el pequeño compañero de fechorías de Liesel, un niño incansable, cargado de vitalidad, profundamente encariñado con su amiga y admirador incondicional de Jesse Owens, el corredor negro que le aguó los juegos olímpicos al Fürher; Ilsa Hermann, una mujer anclada en el pasado, que se tortura a sí misma por una dolorosa e inevitable pérdida y que redescubre la vida gracias a la pasión de Liesel por los libros; Max Vandenburg, un judío perseguido que escapa del horror de la guerra a través del poder de las palabras; y, finalmente, Liesel Meminger, la ladrona de libros que tantas penurias ha de pasar a lo largo del libro y que tanto ha de amar y odiar las palabras que dieron sentido a su vida.

Valoración:
"El misterio me aburre, es una lata. Todos sabemos ya qué va a ocurrir. Las intrigas que nos empujan hasta el final son las que me inquietan, me desconciertan, me pican la curiosidad y me asombran."
Desde el mismísimo principio, todos sabemos cómo acabará "La Ladrona de Libros". Sin embargo, lo que en un primer momento nos resulta ajeno, a medida que avanzamos en la lectura se convierte en un evento triste, trágico, desgarrador, pero también hermoso y satisfactorio. De igual forma, la mera idea de la muerte nos resulta inconcebible al principio de nuestra vida aunque nuestro camino nos lleva a encontrarnos irremediablemente con ella. Es decisión nuestra rebelarnos contra su inevitable llegada y sumirnos en la desesperación y el sufrimiento o aceptar que tarde o temprano llegará nuestro turno y, mientras tanto, vivir; simplemente eso: vivir. Este razonamiento adjudica auténtico sentido a nuestra existencia, pues lo más importante en el momento de nuestra muerte es que hayamos vivido, hayamos aprendido y hayamos madurado. Ésta es una de las múltiples conclusiones que se pueden alcanzar con la lectura de "La Ladrona de Libros". Hay otras, pues la moraleja final que ofrece la narradora permite lecturas a muchos niveles.

En efecto, como toda buena narradora, la muerte nos ofrece una moraleja final al acabar. Se trata de una de sus muchas aportaciones personales, que salpican continuamente la narración, guiándola, enriqueciéndola y generando reflexiones en el lector. El autor utiliza muy bien a su narradora, omnisciente pero también subjetiva e imperfecta. Su narración no es completamente lineal, sino que realiza algunos saltos. Comienza por el final, vuelve al principio y, de vez en cuando, adelanta algunos datos de la misma forma que lo haría un narrador oral. Es común hasta cierto punto que en literatura la naturalidad se sacrifique en favor de la brillantez técnica. En cambio, en "La Ladrona de Libros" la técnica se utiliza como un instrumento que favorece la naturalidad de la narración, hasta el punto de hacerla casi indistinguible de una narración oral, la forma más pura y genuina de narración.

Al igual que haría un narrador oral, la muerte salpica su historia con pequeños apuntes, notas y aclaraciones que se desligan del texto principal para llamar la atención del lector. Pueden ser aspectos sencillos, quizá el texto de una carta, el fragmento de un libro, una enumeración de acontecimientos o una apreciación que oculta una idea profunda. Pueden ser datos sobre la propia narradora, reflexiones sobre los humanos, aclaraciones terminológicas o frases de los personajes de la historia. El libro emplea mangíficamente estos recursos para jugar con el lector y aumentar su implicación. Junto a las aportaciones de la narradora también se incluyen pequeños relatos ilustrados, elaborados por algunos personajes de la historia y plenos de significado. El más memorable de ellos está dibujado sobre las páginas de cierto manifiesto ideológico de un pintor de brocha gorda metido a dictador llamado Adolf Hitler.

Si recopilamos lo comentado hasta el momento nos encontramos con un magnífico uso de la figura de la narradora, una deliciosa caracterización de los personajes y una presentación atractiva, con una prosa que resulta casi poética por su apasionado lirismo y una narración genuina y natural. La conjunción de estos elementos hace muy difícil que el lector escape a las redes del libro, por lo que acaba implicándose en él, empatizando con sus personajes, emocionándose con ellos y reflexionando con sus vivencias. Sin necesidad de grandes artificios, usando recursos muy simples y tan viejos como la más vieja historia, "La Ladrona de Libros" es una novela capaz de alcanzar al lector, de golpearle con severidad en los momentos más trágicos y de mostrarle que lo más importante no es el hecho de que algún día todos moriremos, sino que tenemos una vida que vivir hasta que llegue ese momento.

Usando la palabra escrita como guía, apoyo e instrumento, podemos aprender grandes cosas sobre la vida y ofrecer grandes cosas a cambio. Como sucede con Liesel, cuya relación con los libros acaba otorgando sentido a su existencia, todos disponemos de estas herramientas maravillosas para enfrentarnos al mundo: las palabras. "La Ladrona de Libros" es una historia sobre amar los libros, sobre crecer con los libros, sobre aprender de los libros y, finalmente, sobre escribir dichos libros. En estos tiempos carentes de respeto por la literatura, semejante pasión hacia la palabra escrita debería ser valorada de forma muy positiva.

Podríamos seguir tratando diversos aspectos de esta gran novela durante días y días. "La Ladrona de Libros" ofrece mucho más de lo que yo he expuesto aquí, aunque he preferido evitar algunos aspectos centrales y dirigir la atención hacia los más periféricos para evitar estropear la lectura del libro a los futuros lectores. Creo que se trata de una obra técnicamente muy interesante, que usa con sabiduría los recursos de los que dispone y que pinta un fabuloso retrato de sus personajes y su época. Tiene además la virtud de acercarse a la figura de la muerte desde una perspectiva mucho más amigable de lo que estamos acostumbrados y acaba planteando preguntas y reflexiones en el lector, lo cual es un aspecto que siempre valoro por encima de los demás. Es un libro que juega a conmover al lector, pero lo hace sin ánimo de crear artificios vacíos, sino con la firme convicción de trasmitir su mensaje: un mismo hecho puede ser espléndido y terrible a la vez, una misma palabra puede ser hermosa y cruel, la vida puede ser horrorosa y sublime al mismo tiempo. Son estas paradojas las que hacen que los seres humanos seamos únicos y, por ende, especiales, maravillosos.

6 de febrero de 2012

[Cómic] Reseña de "Adam Strange: El Hombre de Dos Mundos"


Desencantado con el rumbo que ha tomado la editorial en los últimos tiempos, sigo recuperando viejos cómics DC que considero merecedores de atención. Es el caso de la miniserie de tres números titulada "Adam Strange: El Hombre de Dos Mundos", publicada hace algún tiempo por Planeta en un único tomo que incluía diversos bocetos e ilustraciones.

Antes de comentar estos cómics es necesario repasar algunos antecedentes sobre el personaje de Adam Strange. Este aventurero espacial fue creado en 1958 por Gardner Fox y Mike Sekowsky, quienes muy probablemente se inspiraron en grandes clásicos como "Flash Gordon" o "John Carter de Marte". Adam Strange era un arqueólogo que gracias al poder de los Rayos Zeta inventados por el científico Sardath era transportado al exótico planeta Rann. Armado con una mochila propulsora, Adam se convertiría rápidamente en el héroe de Rann, un lugar de maravillas tecnológicas donde una civilización altamente avanzada convivía con extrañas y peligrosas criaturas. Su caracter aventurero le hizo ganarse el corazón de Alanna, la bella hija de Sardath, con la que compartiría muchas de sus aventuras. Durante los años siguientes a su primera aparición en la colección "Showcase" Adam sería una presencia habitual en diversos cómics DC.

Sin embargo, la naturaleza despreocupada y aventurera de sus aventuras originales de finales de los años 50 sufrió un brusco giro tres décadas después. El pesimismo era la tónica reinante en los cómics de los años 80 (baste recordar "Batman: El Regreso del Caballero Oscuro" o "Watchmen") y no tardó en apoderarse del destino de este alegre aventurero. El guionista británico Alan Moore recuperó a Adam Strange en una de sus historias para "La Cosa del Pantano", en la que narró una versión bastante más siniestra de su origen. Moore presentó un planeta Rann devastado por una antigua guerra nuclear y casi carente de vida. Sus habitantes, pese a sus conocimientos tecnológicos, habían ido perdiendo progresivamente la fertilidad, por lo que eran incapaces de concebir y se enfrentaban a una lenta extinción. Por este motivo Sardath exploró el universo con la esperanza de traer alguien a Rann que consiguiese revitalizar a su decadente especie. Lo consiguió cuando la casualidad guió a los Rayos Zeta hasta Adam Strange, quien acabaría emparejándose con su hija Alanna y dejándola embarazada.

Esta visión mucho más cínica del personaje es la que se exploró con más detalle en "Adam Strange: El Hombre de Dos Mundos", miniserie que iba a titularse originalmente y de forma muy apropiada "La Caída de Adam Strange", obra de Richard Bruning, Andy Kubert y Adam Kubert.


Bruning, que había colaborado con Alan Moore como editor durante la creación de "Watchmen", siempre se había sentido atraído por el personaje y llevaba tiempo tratando de devolverle algo del protagonismo que había perdido con el tiempo. A pesar de su inexperiencia como escritor, se encargó de realizar los guiones de "Adam Strange: El Hombre de Dos Mundos", muy influenciados por la visión de Moore y por la dinámica de los cómics del momento. La parte gráfica contó con los hermanos Kubert (Andy a los lápices y Adam como colorista), hoy artistas consagrados pero quienes por aquel entonces aún estaban empezando a hacerse un nombre en la industria del cómic. Finalmente, "Adam Strange: El Hombre de Dos Mundos" se publicó en 1990.

La historia crepuscular narrada por Bruning comienza cuando Sardath encuentra la manera de transportar a Adam de forma permanente a Rann (hasta entonces el efecto de los Rayos Zeta había sido temporal, devolviendo a Adam a su mundo natal tras cada aventura). Con Alanna embarazada y una hija en camino, Adam desea despedirse de su familia terrestre para asentarse definitivamente en Rann. Sin embargo, las cosas no van como esperaba. Su padre se está muriendo y su hermana le culpa por haber desatendido sus responsabilidades familiares en favor de su loca pasión por la arqueología, desconociendo sus aventuras en el lejano planeta. Todo empeora al volver a Rann: el nuevo Rayo Zeta enloquece temporalmente a Adam y hace que ataque brutalmente a Sardath, dejándolo malherido. Perseguido y exiliado por aquellos a los que antes protegía, temeroso de haber perdido tanto su vida en la Tierra como su vida en Rann, Adam se encontrará en su situación que cambiará radicalmente su vida.

Adam descubre, muy a su pesar, que pertenecer a dos mundos es como no pertenecer a ninguno. Durante su visita a la Tierra, los recuerdos sobre su hermano muerto, las recriminaciones de su hermana y el delicado estado de su padre le torturan. Al volver a Rann confirma lo que ya sospechaba: por muy heroico que sea, para los rannianos siempre será un simple alienígena. Sardath es un hombre de ciencia obsesionado por preservar el futuro de su mundo a cualquier precio y por cualquier método. Nunca buscó a un héroe, sino a alguien capaz de procrear. El atractivo planeta Rann dista mucho de ser un paraíso de ciencia ficción: aquellos que amenazan el orden son condenados al exilio y el fantasma de la guerra nuclear vuelve a estar presente. Esta dura realidad azota despiadadamente a Adam, de forma que el lector asiste atónico al completo desmoronamiento del héroe.


Se trata, como ya he comentado, de una historia con un marcado tono crepuscular, como el "Hawkworld" de Timothy Truman y Quique Alcatena. Sin embargo, mientras que las vicisitudes de Katar Hol en "Hawkworld" contribuían a forjar la personalidad desencantada y cínica de Hawkman, los eventos de "Adam Strange: El Hombre de Dos Mundos" le arrebatan la inocencia de épocas pasadas al personaje y lo lanzan a una realidad mucho más oscura de la que no hay salida posible. Ésta bien podría haber sido la última historia de Adam Strange, pues tiene aroma de epílogo. En cambio, la historia de Adam prosiguió y sus posteriores aventuras recuperaron un tono más jovial, proyectándole hacia su madurez como criatura de ficción.

No obstante, pese a lo interesante que resulta su argumento, esta miniserie cuenta con un elemento mucho más destacado: su magnífico apartado artístico. Andy Kubert realizó este trabajo cuando aún era una estrella emergente, por lo que puso un gran esfuerzo en él. Se trata de un trabajo heredero de las fórmulas clásicas, minuciosamente detallista y profundamente expresivo. Kubert demuestra que en ocasiones el talento se hereda (no en vano es hijo del gran Joe Kubert) y que trabajar codo con codo con alguien conocido influye con intensidad en el resultado final. En conjunción con el coloreado de su hermano Adam, el trabajo de Andy se convierte en una deliciosa obra de artesanía de las que hoy en día escasean en el cómic comercial. Basta un mero vistazo a sus páginas para despertar la nostalgia por tiempos pasados.

Quizá resulte una obra muy pesimista, pero "Adam Strange: El Hombre de Dos Mundos" es un trabajo a reivindicar. Es un valeroso intento por humanizar al personaje y cuenta con un dibujo verdaderamente estupendo. Es también una gran historia de ciencia ficción, con muchos elementos de las corrientes cyberpunk. Es, en último lugar, el reflejo de una época en la que los creadores parecían haber perdido la fe en los héroes de antaño, a los que enfrentaban a una realidad menos idealista y más dañina que aquella que habían conocido en sus orígenes. Bien podría haberse titulado "La Caída de Adam Strange", puesto que esto es precisamente lo que narra y esto es lo que transmite al lector, al que consigue sumir en la tristeza en la que se sumerge este personaje y despertar más de una emoción encontrada con la triste conclusión de la historia.