23 de mayo de 2011

[Cómic] Eventos Marvel: World War Hulk

En el verano de 2007, poco después de la vorágine que supuso "Civil War", Marvel organizó un nuevo evento centrado en Hulk. Dicho evento, titulado "World War Hulk", sería de una escala mucho menor que la exitosa Guerra Civil y derivaría directamente de "Planet Hulk", la principal línea argumental de la interesante etapa de Greg Pak como guionista de "The Incredible Hulk". A pesar de lo que podía sugerir el rimbombante título, la Guerra Mundial de Hulk tuvo un impacto reducido sobre el Universo Marvel, afectando únicamente a algunas series regulares y propiciando la publicación de algunos spin-offs. Nuevamente, la mayoría de estos spin-offs serían bastante tangenciales y, por tanto, prescindibles. El grueso del argumento se publicó en una miniserie independiente de cinco números (a los que se añaden un prólogo y un epílogo) que corrió a cargo de Greg Pak y John Romita Jr., mientras que el resto de derivados de este crossover se centraban principalmente en los daños colaterales producidos por el conflicto.


Si nos quedamos a un nivel superficial, "World War Hulk" se podría resumir de una forma muy sencilla: Hulk contra todos los héroes Marvel. En cambio, si profundizamos un poco en su lectura nos daremos cuenta de que el tema que trata es bastante más complejo: ¿Es Hulk realmente un monstruo? ¿Hasta qué punto un ser que ha sido odiado y perseguido desde que comenzó su existencia tiene derecho a reclamar justicia por todo lo que le han hecho?

La Guerra Mundial de Hulk tiene sus antecedentes más claros en los eventos previos a "Planet Hulk". En ellos, los Illuminati, el grupo secreto compuesto por algunos de los héroes más importantes de Marvel (Iron Man, Mister Fantástico, el Doctor Extraño y Rayo Negro), decidieron tomar una solución expeditiva al problema que suponían las continuas pérdidas de control del Goliat Esmeralda. Después de que el último arranque de ira de éste arrasase la ciudad de Las Vegas, los Illuminati tramaron un engaño para exiliar a Hulk al espacio (siendo ésta la razón por la cual Hulk no participó en "Civil War"). Sin duda, se trató de una medida extrema, sobre todo si tenemos en cuenta que los miembros de los Illuminati no sólo eran aliados del alter ego de Hulk, el Doctor Bruce Banner, sino también amigos suyos.

A pesar de que los Illuminati prometieron a Hulk que sería enviado a un planeta pacífico, la realidad fue bastante distinta. El exilio del Gigante Gamma le llevó al planeta Sakaar, un lugar salvaje gobernado por el despiadado Rey Rojo donde un debilitado Hulk se convirtió primero en esclavo y, posteriormente, en gladiador. Tras reunir a un grupo de guerreros rebeldes, Hulk lideró un alzamiento y derrocó al Rey Rojo, convirtiéndose en el nuevo monarca de Sakaar. El Goliat Esmeralda contrajo matrimonio con su amante, Caiera, una antigua esclava del Rey Rojo que luchó contra él en el alzamiento, convirtiéndola así en su reina. Parecía que Hulk había alcanzado al fin la paz cuando Caiera le reveló que estaba esperando un hijo suyo. Entonces, la nave que los Illuminati habían utilizado para exiliarle a Sakarr explotó, arrasando la capital del planeta y llevándose con ella miles de vidas, incluyendo las de Caiera y su hijo nonato.


Como era de esperar, la muerte de su esposa y de su hijo enfureció a Hulk más allá de toda medida. Culpando a los Illuminati, el Gigante Gamma volvió a la Tierra acompañado por sus ejércitos de Sakaar con la intención de hacer pagar a aquellos que le habían exiliado y le habían robado todo aquello que había llegado a importarle. Comienza así "World War Hulk", con Hulk y los guerreros de Sakaar arrasando la ciudad de Nueva York y derrotando a los Illuminati y a su aliados.

"World War Hulk" es un acercamiento muy interesante a la relación que los héroes Marvel tienen con el Goliat Esmeralda. Todos dicen ser sus amigos y querer ayudarle, pero son muy conscientes de la amenza que supone y de su potencial destructivo. De hecho, son capaces de actos de cuestionable moralidad con tal de detener a Hulk. A lo largo de "World War Hulk" vemos como Iron Man utiliza la fuerza bruta en lugar del diálogo o como Mister Fantástico trata de engañar a Hulk para poder derrotarle. El caso más extremo es el del Doctor Extraño, quien ya exiliase al Gigante Gamma a otra dimensión en el pasado, que llega a beberse el alma de un demonio para utilizar su poder contra Hulk. ¿Quién es entonces el verdadero villano de esta historia?


En "World War Hulk" no están claros los límites entre el bien y el mal. ¿Hulk busca justicia o simplemente venganza? ¿La necesidad de detener la amenaza de Hulk justifica las medidas extremas llevadas a cabo por los autodenominados héroes? ¿Quién tiene razón? ¿Quién tiene que pagar por lo sucedido?

Estas interesante premisas vienen acompañadas, indudablemente, por un festival de golpes y peleas despiadadas. Hulk lucha contra todos los héroes Marvel... y los derrota. En "World War Hulk" abundas las escenas de destrucción y las muestras de violencia por parte del Gigante Gamma. Por ejemplo, en uno de los momentos más escalofriantes de la saga Hulk llega a aplastar las manos del Doctor Extraño. El momento cumbre llega con el enfrentamiento entre Hulk y el héroe más poderoso del Universo Marvel: el Vigía. Dotado con el poder de un millón de soles en explosión, pero limitado por sus trastornos mentales (esquizofrenia y agorafobia), el Vigía es el superhéroe más inestable de todos. Recurrir a él es tentar a la suerte, pues si pierde el control podría ser infinitamente más peligroso que Hulk.


No obstante, no es la fuerza bruta la que decide la conclusión del conflicto. Es la bondad, la compasión y la capacidad de sacrificio de Bruce Banner, el alter ego de Hulk, la que demuestra ser mucho más potente que la ira del Goliat Esmeralda.

Mientras que el grueso del conflicto se desarrolla en la miniserie central, algunos de los spin-offs resultan una lectura complementaria realmente interesante. Es el caso de los números de "The Incredible Hulk" que se publicaron de forma paralela, donde el protagonismo recaía en el joven Amadeus Cho y un heterogéneo grupo de aliados compuesto por Hércules, Namora y Arcángel. Guionizados también por Greg Pak, estos números ahondan en el conflicto desde el punto de vista de Amadeus Cho y de Rick Jones, probablemente los únicos amigos verdaderos que ha tenido el Gigante Gamma en toda su historia. Estos número suponen también el inicio de la amistad entre Amadeus Cho y Hércules, que posteriormente protagonizarían una interesante etapa en la colección de este último que también fue guionizada por Pak.

El resto de spin-offs son en el mejor de los casos pasables, pero no aportan nada nuevo a la lectura de "World War Hulk". Algunos de ellos, como "World War Hullk: X-Men" están tan cogidos por los pelos que sorprende que tengan alguna relación con el evento principal.


Pasando a un apartado más técnico, debemos hablar del trabajo de los dibujantes implicados en "World War Hulk". La miniserie central corrió a cargo de John Romita Jr., veterano dibujante de Marvel entre cuyas obras más recientes destacan su etapa en la serie de Lobezno junto a Mark Millar y la popular "Kick Ass" (que fue adaptada al cine). El estilo de Romita Jr. casa perfectamente con el personaje de Hulk, al que representa con la suficiente credibilidad y contundencia. No sucede lo mismo con el resto de personajes que participan en la historia, con énfasis especial en los Vengadores, a los que caracteriza de forma bastante deficiente. Irónicamente, en la actualidad Romita Jr. es el dibujante de una de las colecciones regulares de los Vengadores.

En algunos momento el dibujo resulta espectacular, con decenas de personajes aporreándose en una misma página. En otros en cambio, resulta vago y reduccionista hasta el extremo, con páginas en las que Romita Jr. no dibuja más que escombros informes. Por tanto, a nivel gráfico "World War Hulk"resulta un tanto irregular. Evidentemente, el gusto por el estilo del dibujante influye de forma notable en esta percepción y he de confesar que Romita Jr. hace años que dejó de ser santo de mi devoción.

Por otro lado, además de las portadas del propio Romita Jr. (que por cierto formaban una única ilustración compuesta por cinco partes), David Finch se encargó de dibujar las portadas alternativas, cada cual más horrible que la anterior. Todo músculos, venas a punto de reventar y rallajos por todas partes. En ese sentido, "World War Hulk" deja mucho que desear en cuanto al apartado gráfico. Por suerte, los guiones de Greg Pak salvan una obra cuyo principal atractivo es el desarrollo del argumento en lugar del dibujo.


"World War Hulk" no deja de ser un evento menor, pero gracias a la hábil mano de Greg Pak consigue destacar en ciertos aspectos, como la caracterización de los personajes (destacando especialmente el propio Hulk y Amadeus Cho), la exploración de conceptos como los límites morales a los que están dispuestos a llegar los héroes con tal de detener al Gigante Gamma o el potencial dramático que supone desvelar el misterio tras la tragedia acontecida en la conclusión de "Planet Hulk". Muy buenas ideas que, además, están muy bien desarrolladas y conducen a una interesante conclusión cargada de potencial. Tristemente, este potencial nunca llegó a materializarse. Tras "World War Hulk", Greg Pak se centró en otros proyectos (concretamente en "The Incredible Hercules", donde seguiría narrando las aventuras de Amadeus Cho) y dejó a Hulk en manos de otros autores, Jeph Loeb y Ed McGuinness, que cambiaron radicalmente el rumbo del personaje con la presentación del Hulk Rojo y el inicio de la etapa más absurda que ha vivido la colección en las últimas décadas.

14 de mayo de 2011

[Cine] Crítica de Christopher And His Kind

Entre sus muchas producciones de calidad, la BBC destaca especialmente por sus dramas históricos. Los argumentos costumbristas y las biografías de personajes notorios del Reino Unido constituyen una combinación excelente para la pequeña pantalla. Aunque el resultado de dicha combinación no suele llamar mucho la atención más allá de las fronteras británicas, es innegable que la cadena ha producido algunos productos que rozan la excelencia. Superando los ajustados presupuestos de rodaje con inteligencia y alejándose del puritanismo que lastra las producciones de otros paises, especialmente las americanas, las producciones de la BBC destilan sinceridad y buen hacer. Sin duda, era la cadena ideal para producir un largometraje televisivo basado en la autobiografía del brillante escritor homosexual Christopher Isherwood.


"Christopher And His Kind" es un largometraje para televisión basado en la autobiografía homónima de Christopher Isherwood, en la cual narró sus vivencias durante la época en la que produjo sus obras más célebres: los años que pasó en la ciudad de Berlín al principio de la década de 1930. En esos años se gestó "Adiós a Berlín", una novela de atípica estructura (pues más que una obra narrativa al uso parece una recopilación de diarios) que constituye una de las mejores aportaciones de Isherwood a la literatura. "Adiós a Berlín" narra con un humor sutil e inteligente una suerte de sátira de los personajes que el escritor conoció en la urbe alemana durante la ascensión del nazismo. En esta novela los límites entre los hechos reales y la ficción quedan algo desdibujados, hasta el punto de que el Christopher Isherwood que narra en primera persona "Adiós a Berlín" bien podría ser un personaje ficticio en lugar del reflejo del auténtico escritor británico. Los eventos narrados en "Adiós a Berlín" en 1939 fueron revisados en 1976 por el propio Isherwood cuando escribió su autobiografía. En ella hizo pública su homosexualidad y narró sus verdaderas experiencias durante los años que pasó en Alemania.

Teniendo esto en cuenta, la adaptación televisiva de "Christopher And His Kind" comienza con un Christopher Isherwood ya anciano que trabaja en su autobiografía. A modo de flashback, la historia se traslada a Inglaterra en 1931, año en que Isherwood decide abandonar su hogar para seguir a su amigo, el poeta Wystan Auden, hasta Berlín. Son muchos los motivos que llevan al escritor a viajar hasta Alemania. Cabría mencionar la tensa y difícil relación que compartía con su madre (la cual, por cierto, inspiró una de sus obras). Sin embargo, el principal motivo por el que decide trasladarse a Berlín es la floreciente subcultura homosexual que se está desarrollando allí.


De camino a Berlín, Isherwood conoce a un hombre llamado Gerald Hamilton. Éste invita al escritor a trasladarse a la casa de huéspedes en la que reside. Regentada por Fräulein Thurau, la residencia está habitada por unos inquilinos verdaderamente peculiares. En una época de profunda depresión económica, la prostitución y otras actividades de dudosa moralidad unen fuerzas con la incipiente liberación sexual para generar un cóctel tan extraño como atractivo. Rameras, artistas de cabaret y homosexuales tratan de ganarse la vida como buenamente pueden, disfrutando al máximo del proceso.

Guiado por su amigo Auden, Isherwood comienza a visitar un club nocturno, el Cosy Corner, donde chicos jóvenes ofrecen sus servicios a cualquiera que pueda pagarlos. Inmediatamente se siente atraído por uno de los chicos, un muchacho llamado Caspar, con el que comienza una intensa relación con un marcado componente sexual. Mientras tanto, el escritor comienza a trabajar dando clases de inglés, compaginando la enseñanza con la escritura y sumergiéndose ocasionalmente en el secreto mundo homosexual berlinés.


Tras su tumultuosa relación con Caspar, dos personas ejercerán una influencia fundamental en la vida de Isherwood. La primera es Jean Ross, una aspirante a actriz de escaso talento que canta en un cabaret. Su falta de talento la compensa con un arrojo y una vitalidad envidiables, erigiéndose en una figura desinhibida y alegre que esconde una personalidad compleja y problemática. La otra es un muchacho llamado Heinz, procedente de una familia humilde y prácticamente arruinada, del que Isherwood se enamorará perdidamente. Esta relación no será vista con buenos ojos por el hermano de Heinz, un simpatizante del partido nazi que aborrece el estilo de vida del escritor.

Más allá de relatar las experiencias de Isherwood, "Christopher And His Kind" es el retrato de una época y de una sociedad. Junto al creciente movimiento subcultural y a la liberación sexual, el nazismo comienza su carrera hacia el poder. En el Berlín de los años 30 conviven dos mundos distintos: por un lado, la sociedad intelectual, promiscua y hedonista y, por otro, la sociedad empobrecida que comienza a reclamar su orgullo nacional guiada por la doctrina nazi. Alejándose tanto de cualquier sensacionalismo como de cualquier intento de justificación, la película narra con objetividad la transformación de una sociedad alegre y liberal en un régimen fanático y autodestructivo. El largometraje acierta sin duda al mostrar el rostro más fascinante del Berlín de esos años: el rostro de una ciudad que disfruta de sí misma mientras se encamina irremediablemente hacia la tragedia.

El ingenioso sentido del humor de "Adiós a Berlín" está presente en la película, pero encuentra su contrapunto en la amenaza nazi. Ésta, sin embargo, se perfila desde una perspectiva poco común en el cine. En lugar de centrarse en las grandilocuentes manifestaciones y desfiles, el largometraje se centra en lo que supuso el nazismo a un nivel más mundano: las agresiones llevadas a cabo por los simpatizantes de la doctrina nazi, la emisión de propaganda, la quema de libros, etc. Lo importante en esta narración no son los actos del nazismo en sí, sino la forma en la que afectan a la sociedad berlinesa. En este sentido, vemos distintas posturas que nos ayudan a comprender cómo era aquel caldo de cultivo que acabó generando ese movimiento tan deleznable. Vemos, por ejemplo, al empresario judío que sabe lo que augura la asecensión del partido nazi, pero que es incapaz de hacer nada al respecto, o al alemán de clase media que ha visto su vida arruinada por la crisis económica y reconoce en la doctrina nazi la única esperanza que le queda para recuperar algo de dignidad.


La interpretación de Christopher Isherwood corre a cargo del estupendo Matt Smith, actor muy popular en el Reino Unido desde que obtuvo el papel del Doctor en la célebre serie "Doctor Who". Aunque su elección conllevó cierta polémica (motivada por las escenas de sexo del largometraje), el hecho es que Smith supo diferenciar de forma brillante su papel como Doctor de su interpretación de Isherwood, con quien además comparte cierto parecido físico. Este papel constituye uno de sus mejores trabajos hasta la fecha y ha servido para demostrar que se mueve con la misma facilidad por el género cómico que por el dramático.

Por su parte, Jean Ross está interpretada por la guapa y prometedora actriz Imogen Poots. Aunque es poco conocida, ha participado en películas como "V de Vendetta" (interpretando a la joven Valerie) y "28 Semanas Después" (donde interpretó a Tammy). Su papel en "Christopher And His Kind" fue sin lugar a dudas un reto. Es necesario mencionar que Jean Ross inspiró al personaje más carismático de "Adiós a Berlín": Sally Bowles. Este personaje inspiró posteriormente la obra de teatro "I Am a Camera", que inspiró a su vez la famosa película musical de 1972 "Cabaret", protagonizada por Liza Minnelli. Por tanto, Imogen Poots interpreta a la persona real que inspiró al mítico personaje inmortalizado por Liza Minnelli en "Cabaret". La joven actriz consigue salir airosa del desafío gracias a su fantástica interpretación de Jean Ross, a la que dota de la vitalidad y la ambivalencia que caracterizan a su sosías literario.


Finalmente, el papel de Heinz recae sobre Douglas Booth, joven actor muy poco conocido salvo por su aparición en alguna teleserie inglesa y en una película en la que compartió protagonismo con Miley Cirus. Se trata de una elección que, posiblemente, obedece más a su aspecto físico que a sus dotes interpretativas, pues su papel en la película queda bastante ensombrecido por el arrollador carisma de Matt Smith e Imogen Poots. Sin duda ofrece el aspecto de muchacho guapo, inocente y desvalido que requiere el guión, pero queda lejos de las actuaciones del resto del reparto.

No podemos acabar el apartado dedicado a los actores sin mencionar a Lindsay Duncan, veterana actriz británica conocida por los seguidores de "Doctor Who" (interpretó a Adelaide Brooke en el especial "Las Aguas de Marte") que da vida a la madre de Christopher Isherwood. La química entre ella y Matt Smith en pantalla da lugar a unas intensas escenas en las que se intuye la tortuosa relación de amor-odio que el escritor compartía con su progenitora.


Como toda producción de la BBC, "Christopher And His Kind" destila sutileza y buen gusto. Rodada en Belfast, la película proporciona una fiel imagen del Berlín anterior a la Segunda Guerra Mundial. Fotografía y vestuario están cuidados hasta el más mínimo detalle y la banda sonora goza de algunos temas realmente bonitos, que van desde los imprescindibles números de cabaret hasta los temas melódicos más sugerentes.

A pesar de que cuenta con algunas escenas algo subidas de tono, el largometraje permanece en perfecto equilibrio entre lo explícito y lo sutil, inclinándose más hacia este segundo polo. La sensibilidad con la que está narrado se hace patente en las escenas más conmovedoras, capaces de mostrar con gran honestidad y con una total naturalidad la relación entre los dos protagonistas, su evolución a lo largo de los años y las consecuencias a las que se vio sometida por culpa del nazismo.


En resumen, "Christopher And His Kind" resulta recomendable por varias razones: por su fiel reflejo de un periodo histórico absolutamente fascinante, por su agudo y elegante sentido del humor (heredero directo de "Adiós a Berlín"), por sus contundentes interpretaciones y por la honestidad de su planteamiento. A pesar de ser una película hasta cierto punto desconocida y que parece dirigida a un público muy concreto, lo cierto es que su calidad intrínseca merece una mayor consideración.

2 de mayo de 2011

[Cómic] Eventos Marvel: Civil War

Con la franquicia de los Vengadores convertida en el eje central de todo cuanto sucedía en el Universo Marvel, el siguiente evento de la editorial tras "Dinastía de M" provocó un auténtico cisma en las filas de los Héroes Más Poderosos de la Tierra que obligó a la práctica totalidad de los personajes Marvel a polarizarse en un bando u otro. Ambos bandos acabarían enfrentándose en una sangrienta guerra civil que no estuvo exenta de bajas y que, como venía siendo costumbre, cambiaría el status quo del Universo Marvel. Al menos, hasta el siguiente gran evento.


"Civil War" comenzó a gestarse en una de las reuniones periódicas entre los editores de las diferentes colecciones del Universo Marvel. Tras el éxito del gran evento anterior era necesario organizar un nuevo evento que superase a éste en todos los aspectos y que acaparase la atención de los lectores. El argumento se basó en una idea del guionista de "Nuevos Vengadores", Brian Michael Bendis, que pensaba aplicarla en su serie. Bendis pensaba crear una trama en la que el gobierno obligase a los superhéroes a registrarse, quedando la organización de contraespionaje S.H.I.E.L.D. encargada de perseguir a aquellos que rechazasen el registro. Sin embargo, se consideró que aquella trama no albergaba suficiente interés como para convertirla en un gran evento hasta que el guionista Jeph Loeb sugirió que fusen los propios superhéroes los que se enfrentasen entre ellos a raíz del registro.

Con esto en mente, editores y guionistas, bajo la supervisión del editor ejecutivo Tom Brevoort, elaboraron un complejo plan que afectaría a la práctica totalidad del Universo Marvel y agitaría una vez más el status quo. Para materializar este nuevo evento utilizaron la misma estrategia empleada en "Dinastía de M": los eventos principales se narrarían en una miniserie que pudiese ser leída de forma independiente, aunque casi todos los títulos de la editorial se verían directamente afectados por lo que en ella se narrase y durante varios meses llevarían la coletilla de "Civil War". No obstante, el número de spin-offs de este evento superó con creces al de "Dinastía de M", llegando a abarcar más de cincuenta números entre precuelas y eventos directamente relacionados con la guerra civil. Evidentemente, la gran mayoría de estos spin-offs no sólo no eran necesarios sino que eran absolutamente prescindibles. Otros, en cambio, resultaban necesarios para poder entenderlo todo. En este evento concreto, distinguir cuál pertenecía a cada categoría resultó algo más difícil que de costumbre.

La responsabilidad de desarrollar la serie principal de "Civil War" recayó sobre el guionista Mark Millar, famoso por sus guiones polémicos y comprometidos política y socialmente ("The Authority", "The Ultimates"), y el dibujante Steve McNiven, uno de los nuevos talentos de la editorial que había despuntado gracias a sus trabajos previos ("Marvel Knights: 4", "Nuevos Vengadores"). Junto a McNiven, el tristemente fallecido dibujante Michael Turner se encargaría de las impactantes portadas alternativas de la miniserie.


Centrándonos en el argumento, éste comienza con los Nuevos Guerreros. Este grupo de superhéroes había accedido a protagonizar un reality show televisivo en el que capturaban en directo a villanos de poca monta. En la ciudad de Stamford, los Nuevos Guerreros encuentran a un grupo de villanos compuesto por Frialdad, Speedfreek, el Hombre de Cobalto y Nitro y se lanzan a deternerlos delante de las cámaras. Cuando los villanos parecen haber sido derrotados, Nitro huye, llevando la pelea hasta las cercanías de un colegio. En ese momento, el villano desata sus poderes explosivos, devastando la ciudad y dejando centenares de muertos... entre ellos casi todos los niños del colegio.


La tragedia subsiguiente conmociona a la población de Estados Unidos y pone sobre la mesa una importante pregunta: ¿qué derecho tienen los superhéroes a actuar al margen de la ley? La madre de uno de los niños fallecidos en Stamford se convierte en activista política a favor de una propuesta de ley que obliga a todos aquellos que posean superpoderes a registrarse ante las autoridades. Dicho proyecto de ley, llamado Acta de Registro, supondría el fin de los superhéroes enmascarados, que tendrán que hacer pública su identidad y ser supervisados por las autoridades federales. De esta forma se evitaría que se volviesen a repetir incidentes como el de Stamford.

En un clima social cada vez más hostil hacia los superhéroes (la Antorcha Humana, antes uno de los héroes más populares de Nueva York, llega a ser víctima de una paliza por parte de un grupo de civiles), S.H.I.E.L.D. reclama al Capitán América. María Hill, directora de la organización en ausencia de Nick Furia, quiere contar con el Capitán para que persiga a cualquier superhéroe que se niegue a registrarse. Éste, que ha dedicado toda su trayectoria a la defensa de las libertades civiles por encima de cualquier otra cosa, se niega a obedecer a S.H.I.E.L.D., convirtiéndose por tanto en fugitivo de la justicia y protagonizando una espectacular huída.

Mientras tanto, el Acta de Registro es finalmente aprobada, contando el bando pro-registro con tres de los pesos pesados del Universo Marvel: Iron Man, Mister Fantástico y Chaqueta Amarilla. Su misión no sólo consistirá en perseguir a todo aquel que no esté registrado, sino en formar a toda una nueva generación de héroes supervisados por el estado en un proyecto denominado "La Iniciativa". Por otro lado, el Capitán América reúne a varios héroes afines a su filosofía y forma el bando anti-registro, que continuará capturando supervillanos actuando en la clandestinidad. El choque entre ambos bandos no tarda mucho en consumarse, convirtiéndose en una auténtica guerra civil entre superhéroes que enfrenta a personajes que no sólo habían sido aliados, sino que habían sido amigos.


En manos de Millar, el argumento de esta guerra civil se convierte en una poco sutil crítica a la política estadounidense del momento ("Civil War" se publicó en 2007). De hecho, no es muy difícil establecer paralelismos entre la tragedia de Stamford y la del 11S, entre el Acta de Registro y el Acta Patriótica promulgada por la administración Bush o entre la prisión en la que se recluyen los héroes que se niegan a registrarse y Guantánamo. Durante la lectura de "Civil War" hay una pregunta siempre presente: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar las libertades civiles para garantizar nuestra seguridad frente a actos terroristas? La respuesta de los diversos héroes al Acta de Registro supone diferentes puntos de vista acerca de esta cuestión.

Iron Man, como industrial y fabricante de armas bajo su alter ego Tony Stark, ha trabajado ocasionalmente para el gobierno e incluso le ha suministrado armas y material tecnológico a agencias federales como S.H.I.E.L.D. En ese sentido, parece lógico su apoyo al Acta de Registro para garantizar la seguridad de la sociedad que sus inventos ayudan a defender. El caso del Capitán América es algo más complejo, pues a pesar de ser considerado un símbolo de la política estadounidense, el personaje siempre ha encarnado los más altos ideales de su nación (a la cual ha llegado a dar la espalda en ocasiones, renunciando a su identidad de Capitán América cuando su país se alejaba de dichos ideales). Por lo tanto, como defensor de los derechos civiles, el Capitán adopta una postura contraria al Acta de Registro aunque eso signifique convertirse en un criminal perseguido por la ley.

Como era de esperar, los héroes callejeros como Luke Cage y Daredevil se posicionan inmediatamente en el bando anti-registro junto al Capitán América. Los mutantes, en cambio, inmersos en sus propios problemas desde "Dinastía de M", se declaran neutrales, quedando su intervención en la guerra civil limitada a un spin-off en forma de miniserie que tiene más que ver con el trabajo del guionista David Hine ("Distrito X", "Mutopía", "Los 198") en la franquicia mutante que con la propia "Civil War". Definitivamente, los mutantes habían dejado de ser el centro del Universo Marvel.

Hay otros casos más extremos, como el de Spiderman. Antes de que estallase la guerra civil, Peter Parker se había convertido en miembro de los Vengadores, trabando una gran amistad con Iron Man. Incluso había comenzado a vestir un nuevo disfraz arácnido diseñado por éste. Tony no sólo era un ejemplo de hombre de éxito, sino también una especie de figura paternal para Peter. Tan importante es la relación que se había establecido entre ambos, que Peter decide posicionarse en un primer momento en el bando pro-registro, llegando a desenmascararse públicamente delante de las cámaras (y produciéndole un síncope a J. J. Jameson en el proceso).


Las escisiones no se hacen esperar. Los miembros de los Vengadores se reparten entre ambos bandos y las tensiones comienzan a hacer mella en los Cuatro Fantásticos. Algunos personajes cambian inesperadamente de bando, mientras que otros eligen un bando en el que no son bienvenidos (es el caso, por ejemplo, del Castigador). Las batallas entre ambos bandos son puntuales, pero brutales y sangrientas, llegando a producirse varias bajas. Aunque esto es engañoso, pues entre los personajes fallecidos sólo encontramos personajes que son, como mucho, secundarios. Si bien es cierto que el hecho de que sean secundarios otorga mayor veracidad a sus muertes al saber que no serán resucitados próximamente para cumplir con sus compromisos editoriales.

Aunque la intención original del guionista es mostrar que ambos bandos defienden posturas completamente comprensibles y que el cisma se debe únicamente a diferentes posturas ideológicas, las medidas llevadas a cabo por el bando pro-registro (como el hecho de clonar al desaparecido Thor para multiplicar sus posibilidades de victoria, de encerrar sin juicio a los rebeldes anti-registro en una prisión o de aceptar la ayuda de supervillanos a las órdenes del gobierno) resultan muy discutibles. Este bando se gana rápidamente a antipatía del lector, que inevitablemente se posiciona en el bando del Capitán América. En este aspecto, la serie fracasa al no mostrar dos posturas perfectamente justificables, sino dos posturas completamente desiguales. Lo cierto es que ambos bandos tienen buenas razones para justificar su postura independientemente de los medios que usen, aunque hay que recurrir a historias ajenas a la miniserie "Civil War" para comprenderlas. Por ejemplo, para comprender la postura de Iron Man en toda su complejidad es imprescindible leer "Civil War: Iron Man" y "Civil War: La Confesión".


A pesar de todo, el guión de Millar cumple con su cometido y mantiene el interés. No es su mejor obra y obviamente se queda lejos de otros trabajos mucho más personales y mucho más comprometidos y controvertidos como "The Ultimates", pero no se puede exigir más a un evento que estaba constreñido por la férrea política editorial.

En cuanto al trabajo del dibujante, el trazo realista de Steve McNiven se muestra adecuado para ilustrar esta historia con tintes políticos, aunque sus versiones de algunos personajes tienen ciertas carencias. No obstante, el buen nivel gráfico de "Civil War" se mantiene en toda la miniserie, albergando algunos momentos de gran potencia narrativa. Por su parte, las portadas alternativas de Michael Turner, con sus característicos personajes estilizados, resultan espectaculares y gozan de un coloreado absolutamente magistral. Sin duda, constituyen un trabajo memorable.


Entrando en una valoración más subjetiva, uno de los aspectos más criticables de este evento es su resolución, que muchos consideran un simple bluff para atraer la atención mediática. "Civil War" fue un evento que disfrutó de un fuerte apoyo mediático no sólo por parte de la propia editorial, sino también de los medios de comunicación generalistas cuando se hizo pública la consecuencia principal tras su final: la muerte del Capitán América.

Aunque no se narra en la serie "Civil War" sino en la cabecera del Capitán América, la muerte de este personaje se considera generalmente un efecto directo de lo sucedido durante este evento. No se puede estar más equivocado, pues la muerte del Capitán tiene poco que ver con "Civil War" y mucho con los planes del guionista Ed Brubaker, artífice tanto de su muerte como de toda la cadena de acontecimientos que desembocaron en "Capitán América: Renacimiento".


Una vez más, un gran evento Marvel se convierte en el motor de los acontecimientos subsiguientes en cada una de las series regulares (que, como es costumbre tras un acontecimiento de esta magnitud, crecieron en número). El fin de "Civil War" supuso el principio de "La Iniciativa", la disolución de los Cuatro Fantásticos y la creación de un nuevo equivo fantástico, la escisión de los Vengadores en Nuevos Vengadores y Poderosos Vengadores, la formación de un nuevo grupo de Thunderbolts formado por villanos a las órdenes del gobierno, una crisis sin precedentes para Spiderman...

Aunque "Civil War" es un producto que debe ser alabado por su valentía a la hora de elegir una temática tan de actualidad como la polémica entre seguridad y derechos civiles, adolece del mismo problema que el resto de eventos Marvel de los últimos años: no obedece a motivos creativos, sino a motivos editoriales (que son en última instancia motivos económicos, pues lo que interesa a las editoriales son las ventas por encima de todo). "Civil War" es un producto que no deriva de forma natural de la situación del Universo Marvel, sino que supone un "borrón y cuenta nueva" y el planteamiento de un nuevo status quo cuando el status quo establecido por el evento anterior apenas se había cimentado. Y, desgraciadamente, el nuevo status quo tras "Civil War", materializado en los eventos relacionados con "La Inicitiva", sólo duraría hasta la presentación del siguiente gran evento editorial. De esta forma, lo que podría haber sido un auténtico punto de inflexión recordado durante años se vio pronto diluido por el siguiente acontecimiento Marvel: "Invasión Secreta".