26 de febrero de 2011

[Cómic] Los X-Treme X-Men de Claremont y Larroca: Mutantes con sabor español

Durante diecisiete años, los destinos de los mutantes más importantes de Marvel estuvieron en manos de un único guionista: Chris Claremont, apodado "Patriarca Mutante" por sus años de dedicación a la franquicia a la que catapultó al estrellato. Sus conflictos con el dibujante estrella y niño mimado de la Marvel de entonces, Jim Lee, le llevaron a abandonar a los mutantes, aunque regresó tiempo después con ánimos de renovación. Desgraciadamente, el regreso de Claremont supuso un auténtico fiasco para todos aquellos que esperaban un "regreso a los orígenes" de manos del guionista de la etapa clásica de los X-Men. Claremont confeccionó una nueva etapa que se alejaba de la dinámica habitual de la serie, provocó varios cambios inexplicables en los personajes protagonistas y renunció al uso de los antagonistas tradicionales para introducir otros nuevos que no gozaron del favor de los lectores. Éstos acabaron desencantados con la labor del guionista, que pronto perdió nuevamente el control de sus criaturas en favor de Grant Morrison (de cuyos "New X-Men" hablamos en un artículo anterior). No obstante, la editorial permitió que el Patriarca Mutante continuase trabajando dentro de la franquicia en una nueva serie creada para la ocasión en la que gozaría de la colaboración del dibujante español Salvador Larroca. Se trata de "X-Treme X-Men".

"Tiempos extremos requieren hombres-X extremos".

Al contrario de lo que podría sugerir la cabecera de la serie, "X-Treme X-Men" se desmarcó del resto de títulos mutantes del momento por erigirse en un cómic de estilo tradicional, muy alejado de los radicales experimentos de Grant Morrison en "Nex X-Men" y orientado a los lectores de gustos más moderados. Se convirtió, por tanto, en ese esperado "regreso a los orígenes" que mencionábamos antes. Aunque Claremont únicamente pudo trabajar con los personajes desechados por Morrison, el Patriarca Mutante supo proporcionar la suficiente entidad y coherencia interna al grupo de mutantes extremos.

"X-Treme X-Men" se publicó originalmente entre 2001 y 2004, abarcando 46 números, un anual y dos miniseries derivadas ("X-Treme X-Men: Tierra Salvaje" y "X-Treme X-Men X-Pose"). Panini comenzó recientemente a recopilarla en varios tomos de la línea "Marvel Deluxe", habiendo publicado dos tomos hasta la fecha.

Los primeros 24 números de la serie fueron dibujados por el artista valenciano Salvador Larroca, que pidió expresamente que no fuesen entintados y se les aplicase el color directamente sobre los lápices, remarcando de esta manera su trabajo y consiguiendo diferenciar estéticamente los cómics de esta etapa del resto de series de la franquicia. El espectacular trazo de Larroca, unico a los colores digitales de Liquid!, proporció un aspecto verdaderamente cinematográfico a la serie. Desafortunadamente, Larroca tuvo que abandonar la serie por otros compromisos, dejando el dibujo de los últimos 22 números en manos del croata Igor Kordey, lo cual supuso una clara ruptura en la estética de la serie que nos permite diferenciar claramente dos etapas en ella. No obstante, para proporcionar cierta sensación de cohesión, Larroca siguió encargándose de las portadas hasta su conclusión.


Centrándonos ya en la etapa dibujada por el valenciano, ésta parte de la siguiente premisa argumental (que se deriva de la etapa anterior de Claremont en X-Men y que, según se dice, fue una sugerencia de la esposa del guionista): la búsqueda de los diarios de Destino. Pareja y amante de Mística, la madre adoptiva de la mujer-X Pícara, Destino era una mutante con poderes precognitivos. Antes de perder la vista, Destino plasmó en sus diarios sus visiones del futuro, pero éstos se perdieron con el paso del tiempo. Evidentemente, aquel que posea los diarios será capaz de manipular el futuro, por lo que un grupo de mutantes dirigidos por Tormenta abandonará la seguridad de la Escuela del Profesor Xavier para lanzarse en busca de los diarios perdidos. El equipo de hombres-X extremos viajará a lugares como España, Australia y Madripur siguiendo la pista de los diarios, siendo seguidos de cerca por Vargas, un nuevo adversario de origen español que tiene uno de dichos diarios en su poder.

A pesar de lo atractivo de este planteamiento, es preciso aclarar que queda en segundo plano ante otras tramas que en principio podrían parecer secundarias, pero que ofrecen diversión a raudales. "X-Treme X-Men" es un carrusel de aventuras y acción en el que los hombres-X pasan de estar secuestrados por las fuerzas de asalto españolas a investigar el misterioso asesinato de un señor de la mafia australiana para a continuación luchar contra el ejército de un conquistador extradimensional. Todo esto aderezado con un interesante desarrollo de los personajes, especialmente de los femeninos (algo que es prácticamente la "marca de la casa" de Claremont). Los pilares fundamentales de la serie son sin duda las mujeres-X Tormenta, Pícara y Sabia, siendo ésta última la que más progresa a lo largo de la misma.


Aunque Tormenta lidera el grupo, Sabia es su espina dorsal. Sabia, en su identidad anterior de Tessa, fue la mano derecha de Sebastian Shaw, Rey Negro del Club Fuego Infernal y uno de los principales enemigos de los mutantes de Xavier. Gracias a la magia de la retrocontinuidad, Claremont desveló que en realidad Tessa era una espía de Xavier en el seno del Club Fuego Infernal, lo que le permitió incorporarla al bando de los hombres-X. De esta forma, Claremont pudo dedicarse a explorar sus capacidades y desvelar todo el potencial de sus dones de "cibérpata", de ordenador viviente. Sabia lo ve todo, lo recuerda todo, es capaz de procesar ingentes cantidades de información de forma simultánea y de manipular cualquier sistema informático. Guionista y dibujante, inspirados claramente por las películas de "Misión Imposible" dotaron a Sabia del artefacto perfecto como complemento a su poder: las gafas que incorporan acceso a internet y sirven como vía de comunicación e interfaz entre los hombres-X extremos.

La estética ideada por Larroca juega un papel clave en la serie, pues a través de su tratamiento de accesorios, trajes y peinados, dota a los personajes de auténtica vida. Los uniformes del equipo de mutantes extremos resultan elegantes y prácticos. Proporcionan dinamismo y espectacularidad, sin renunciar al realismo pero sin caer en la excesiva exageración. Sirven por tanto para proporcionar una sensación de homogeneidad en el grupo, pero a la vez remarcan las personalidades individuales de sus miembros. Sin duda la libertad creativa de la que gozó el artista, unida a su buena relación con el guionista, constituyeron el caldo de cultivo perfecto para convertir "X-Tremen X-Men" en uno de sus mejores trabajos.

Los lápices de Larroca, unidos al intenso color de Liquid!, dotan a esta etapa de la serie de una potencia visual comparable a la del cine. No sólo los personajes, sino que los escenarios en los que se encuentran rezuman vitalidad. Desde los típicos escenarios de alta tecnología a las calles del barrio chino, pasando por los gigantescos rascacielos de la isla imaginaria de Madripur, los escenarios resultan sugerentes, vibrantes y espectaculares, proporcionando el marco perfecto para la acción del grupo de hombres-X extremos. El dibujante, muy en su línea, también se permite la licencia de sembrar su trabajo con diversos "huevos de pascua", por lo que en las páginas de "X-Tremen X-Men" nos encontramos diversos homenajes a películas, series, personajes conocidos y actores. La propia casa de Larroca aparece en los primeros números, cuando los mutantes visitan la ciudad de Valencia, la cual también aparece perfectamente retratada en el cómic.


La visita de Tormenta y los suyos a Valencia durante el primer arco argumental de la serie resulta especialmente curiosa, no sólo por ser la presentación de Vargas, el nuevo antagonista, sino también por mostrar una "versión Marvel" de España que al fin hace justicia a lo que los lectores españoles queríamos ver. Si los americanos pueden tener marines armados con armas de última generación y armaduras de combate, ¿por qué no podemos tener los españoles guardias civiles con armaduras tecnológicas? ¿Acaso por ser guardias civiles en lugar de marines resultan menos verosímiles? Tan absurda es una cosa como la otra, pero dentro de la suspensión de la incredulidad a la que aspira todo producto de ficción, mientras tengan coherencia interna con el argumento se aceptan como válidas. Por esta razón, Claremont y Larroca presentan una España moderna y tecnológica que cuenta con sus propias tropas de élite y sus bases secretas de tecnología punta. Sin duda para el lector español resulta agradable ver a su país representado de esta forma, en lugar de como un país analfabeto y tercermundista (cosa demasiado común en los productos de ficción estadounidenses).

No obstante, pese al excelente marco proporcionado por los autores, la serie no está exenta de ciertas taras. Las presiones editoriales y los escasos tiempos de entrega condicionaron el desarrollo de algunos números, que quizá hubiesen necesitado algún tiempo más de trabajo. Por otro lado, la inclusión del "mes mudo" (una iniciativa editorial de Marvel según la cual todos los números de ese mes carecerían de texto) no pudo llegar en peor momento para "X-Treme X-Men", estropeando la conclusión de la interesante saga de Lady Mente Maestra.

Respecto a los guiones de Claremont, aunque muy superiores a los de su anterior trabajo con los mutantes, siguen ostentando las mismas carencias de siempre: exceso de personajes secundarios que no reciben el tratamiento adecuado y acaban desapareciendo para no volver a saber de ellos, demasiadas líneas argumentales paralelas, dispersión del argumento principal, reiteración de situaciones ya vistas con anterioridad, etc. Si bien la serie resulta atractiva por su tratamiento de los personajes y sus escenas de acción, está claro que dista mucho de ser un cómic redondo. Aún así cuenta con números verdaderamente memorables y consigue mantener el interés del lector durante toda su primera mitad, lo cual no es poco. Además, resulta admirable el interés de Claremont por incorporar a la serie elementos aparecidos en otras colecciones de la franquicia, creando la sensación de que pertenece al mismo mundo que ellas a pesar del abismo editorial que las separaba. De hecho, Claremont incluso llega a utilizar a la Reina Blanca, personaje que estaba en manos de Morrison, durante una de las sagas de "X-Treme X-Men" (Morrison le devolvería la jugada algún tiempo después usando a Bishop y a Sabia durante uno de los arcos argumentales de sus "New X-Men").


Tras la marcha de Larroca de la serie y la llegada de Igor Kordey (dibujante que nunca ha gozado de mi favor), los defectos de Claremont se pusieron mucho más en evidencia y se perdió la espectacularidad que caracterizó los números del dibujante valenciano. Esto hace que la segunda mitad de "X-Treme X-Men" prácticamente constituya una serie diferente. Una vez solucionado el argumento de los diarios de Destino, el argumento pivotó hacia la amenaza del telépata Elías Bogan, quien comparte un pasado común con Sabia. El tono general de la serie, su mismo planteamiento, cambió radicamente. Claremont utilizó esta segunda etapa para ir preparando el terreno de la que sería su tercera incursión en las series principales de los mutantes, recuperando a ciertos personajes hacia los que guardaba especial cariño (como Kitty Pride y Rachel Summers). La finalización de "X-Treme X-Men" condujo directamente a la reestructuración que sufrió la franquicia mutante durante 2004, el llamado "X-Men Reload", aunque esto ya sería materia para otro artículo.

En conclusión, como ya hemos remarcado, la verdadera alma de la serie se encuentra en su primera mitad, donde un excepcional Salvador Larroca plasma magistralmente los guiones de Claremont y dota de un carisma inusitado a un grupo de hombres-X considerados "de segunda fila" por la editorial. El equipo extremo de Tormenta recupera algo de la esencia perdida de antaño, esa dinámica que hizo famosos a los mutantes durante la década de los 80: acción, drama, protagonistas complejos, antagonistas misteriosos, entornos fantásticos, chicos guapos y bellas mujeres. Eso es lo que ofrece "X-Tremen X-Men", además de ese particular toque individual y diferenciador que proporciona el dibujante valenciano y que convierte a los mutantes extremos en mutantes con sabor español.

6 de febrero de 2011

[Cómic] Los New X-Men de Grant Morrison: ¿Genialidad o disparate?

Estos días he estado releyendo la etapa de Grant Morrison como guionista de X-Men. La serie fue rebautizada "New X-Men" durante esta etapa, que abarca del New X-Men 114 (julio de 2001) al New X-Men 154 (mayo de 2004) e incluye el anual de 2001 (toda la etapa fue posteriormente recopilada en varios tomos de la línea "Best of Marvel Essentials" de Panini). Reconozco que los tres años que los mutantes estuvieron a cargo del guionista escocés supusieron para mí, como aficionado a los cómics en general y a los cómics mutantes en particular, una auténtica tortura en el momento de su publicación. La razón de esto es bien sencilla: me crié con los X-Men de la clásica etapa del tándem Claremont-Byrne y siempre he preferido que las historias de estos personajes albergasen cierto regusto clásico y no se apartasen excesivamente de su convencionalismo. Las historias de Morrison pueden ser muchas cosas: originales, hiperbólicas, polémicas, transgresoras... pero desde luego nunca son convencionales. Curiosamente, el tiempo me ha hecho ver a los New X-Men de Morrison con otros ojos, cambiando radicalmente mi opinión sobre ellos y llegando a considerar la etapa del escocés loco como una de las mejores de la historia de los mutantes.

"No quiero escribir para tontos. Creo que la gente es inteligente. Lo que ha ocurrido en los últimos diez años es que hemos olvidado que los lectores son bastante inteligentes" - Grant Morrison.
Los mutantes pasaban por una de sus peores etapas al acabar la década de los 90. El desarrollo de personajes había sido nulo durante los años anteriores, en los cuales la única preocupación de los guionistas había sido preparar el crossover de turno cada pocos meses. Aunque la llegada de Alan Davis supuso un ligero soplo de aire fresco con historias como "La Guerra de Magneto" y "Los Doce", la serie volvió a precipitarse al abismo cuando el cacareado regreso de Chris Claremont a los personajes a los que había elevado a la cima años atrás resultó ser un fiasco de proporciones épicas. La franquicia estaba tan desgastada y deslustrada que parecía insalvable. La editorial le otorgó entonces a Grant Morrison, guionista escocés que ya había demostrado su talento y su capacidad para provocar en series como "Animal Man", "Doom Patrol" y "Arkham Asylum", la libertad necesaria para que hiciese lo que creyese conveniente con los mutantes.

La principal aportación de Morrison fue un nuevo y radical enfoque para la franquicia. Se acabó el eterno lema de "temidos y odiados por un mundo que han jurado proteger". La humanidad estaba condenada a la extinción y los mutantes, como nuevo peldaño de la escalera evolutiva, estaban destinados a heredar el planeta. El número de mutantes había crecido tanto que ya no podían ni querían ocultarse. Las mutaciones ya no eran una maldición, sino un don maravilloso que debía usarse sin miedo ni vergüenza. La Escuela de Xavier honraría su nombre como no lo había hecho en décadas y acogería a una numerosa nueva generación de mutantes cuyas ideas distaban mucho del credo superheróico y la perpetua santurronería de las generaciones pasadas.


Y, junto a ese nuevo enfoque, Morrison trajo una forma de narrativa muy distinta a la que se había convertido en habitual en años anteriores. Se acabaron las historias interminables y los crossovers anuales. New X-Men sería una serie autocontenida, dividida en varios arcos argumentales profundamente interrelacionados entre sí, pero en los cuales se trataría al lector como una entidad activa e inteligente capaz de aunar las pistas que se iban depositando a lo largo de su desarrollo para comprender de forma global las historias. Más que narrar historias en las que todo tuviese que quedar perfectamente explicado para evitar la posibilidad de que algún lector no comprendiese los cabos sueltos, Morrison escribiría historias sugerentes, en las que la capacidad del lector para extraer conclusiones sería fundamental.

Esto, evidentemente, supuso un gran problema para los lectores pasivos acostumbrados a recibir explicaciones concienzudas sobre lo que acontecía en cada página. No me cabe ningunda duda de que éstos fueron la principal fuente de críticas hacia esta polémica etapa de la franquicia, pues no me avergüenza admitir que el primero que no entendió bien esos cómics en su momento - y por eso mismo los criticó duramente - fui yo.

"X-Men es un culebrón de televisión que trata sobre cómo interactuán los personajes, con algunos villanos, algunas peleas y algo de drama. El tebeo normal de superhéroes se aparta para que podamos ver qué ocurre entre Scott y Jean, que para mí es más interesante" - Grant Morrison.
El tratamiento de personajes por parte del escocés loco durante sus New X-Men rozaba el exceso, aunque esto, en lugar de producir rechazo, proporciona una visión más humana y tridimensional de unos personajes que en tiempos anteriores se habían visto reducidos a la simplicidad más absoluta. Los personajes de Morrison se alejan de la perfección del héroe clásico y se convierten en seres con necesidades de lo más mundado. En uno de sus primeros números, el guionista muestra a Jean Grey (Fénix) comiéndose una bolsa de patatas mientras usa su telepatía, un detalle sencillo que devuelve su humanidad al personaje sin necesidad de grandes dramas ni artificios. Por otro lado, Morrison se atreve a desarrollar a Scott Summers (Cíclope) como nadie antes se había atrevido, haciendo que se sienta insatisfecho con su matrimonio con Jean y acabe arrojándose a los brazos de la femme fatale de los New X-Men: Emma Frost (Reina Blanca). El hasta entonces anodino Cíclope asume no sólo sus necesidades emocionales, sino también sus necesidades sexuales, iniciando una suerte de affair telepático con Emma que tendrá severas repercusiones sobre su relación con Jean.

La Reina Blanca es el principal hallazgo del guionista, que evidentemente disfruta escribiendo los ácidos diálogos del personaje. De hecho, algunas de las mejores líneas de toda la etapa pertenecen a Emma. Elitista y provocadora por naturaleza, la Reina Blanca se convirtió desde ese momento en un personaje clave de la franquicia que pocos guionistas posteriores han sabido tratar con el acierto de Morrison. Pero Emma no es el único personaje polémico, pues el guionista introduce otros igualmente extraños y en apariencia incompatibles con los X-Men tradicionales, como el sanador Xorn, un mutante de origen chino con un agujero negro por cerebro (y que alberga una de las principales sorpresas de esta etapa) y el aventurero Fantomex (una mezcla entre dos personajes europeos, Fantomas y Diabolik, en parte ladrón y en parte pistolero).


Morrison también crea toda una nueva serie de adolescentes mutantes que se convierten en los estudiantes de Xavier. Lejos de asemejarse a antiguas generaciones de estudiantes (como los Nuevos Mutantes), la nueva generación es hija de su tiempo. Para ellos el conflicto humano-mutante es lo de menos y su principal preocupación, como la de cualquier adolescente del mundo real, es el sexo (en ese sentido, es impagable la relación entre dos de ellos, probablemente los más marginados por su aspecto y poderes: Pico y Ángel). Temas como las drogas de diseño, la aceptación por parte del grupo y las dudas acerca de la propia identidad están presentes en todas las escenas protagonizadas por esta nueva y transgresora generación de mutantes, que a pesar de sus excesos resulta mucho más creíble y cercana al mundo real de lo que pueda parecer en un primer momento.

No obstante, Morrison no olvida a los villanos, aunque opta por dejar de lado a los habituales (salvo a uno de ellos, que se reserva para el final) y crear otros nuevos, como la inquietante Cassandra Nova (auténtica antítesis genética del Profesor Xavier) y los Hombres-U (un grupo de humanos fanáticos que pretenden convertirse en una "tercera especie" matando mutantes para injertar sus tejidos en sus propios cuerpos). Ya en su mero planteamiento, los villanos de Morrison resultan algo innovador, controvertido y excesivo. Es la marca personal del guionista.


Todos los personajes sufren una reconstrucción radical en manos del escocés loco. La Bestia sufre un importante cambio que va mucho más allá de su apariencia, mientras que el pasado secreto de Lobezno vuelve a estar una vez más en el punto de mira gracias a la información que proporciona Fantomex sobre el Proyecto Arma Plus (según la cual el proyecto Arma X - siendo la X el número romano y no la letra - que generó a Lobezno no era más que el décimo intento de crear supersoldados mutantes y existiendo creaciones posteriores como Arma XII, Arma XIII e incluso Arma XV). No obstante, Jean Grey es sin duda el personaje que sufre una evolución más radical, gracias al regreso de la Fuerza Fénix, que en manos de Morrison se convierte en algo mucho más complejo que un pájaro de fuego destructor de mundos.


En esta etapa no escasean los golpes de efecto y los cliffhangers, aunque su fuerza individual queda en segundo plano ante el poderío de su visión en conjunto. En efecto, Morrison no sólo proporciona un nuevo enfoque y un nuevo tratamiento de personajes, sino también una estructura narrativa perfectamente planificada. Morrison sabe lo que quiere contar y en cuántos números quiere contarlo. No improvisa ni alarga excesivamente. No lo necesita.

La aparición de Cassandra Nova, los Centinelas salvajes, la destrucción de Genosha, la muerte de Magneto, los ataques de los Hombres-U, la droga Coz, la revuelta en la Escuela de Xavier, el Proyecto Arma Plus, el regreso de la Fuerza Fénix... todo está profundamente interrelacionado. El conjunto es mucho mayor que la suma de sus partes, creando una perfecta gestalt que no puede ser juzgada por sus componentes individuales. Hasta el último arco argumental, el excelente "Bienvenidos al Mañana", el puzle no se completa. Irónicamente, la conclusión de la etapa no sólo es la más espectacular a nivel visual, sino también la más compleja a nivel conceptual (y, por tanto, la menos entendida y más criticada).


Ciertamente, el trabajo del guionista se ve lastrado en ocasiones por un apartado gráfico que no está a la altura. Si bien arcos argumentales como "E de Extinción" y "Revuelta en la Escuela de Xavier", dibujados por Frank Quitely (alguien que nació para colaborar con Morrison), o "Bienvenidos al Mañana", dibujado por Marc Silvestri (quien ya dibujó una de las clásicas etapas de los X-Men años atrás) son impecables, otros como "Imperial" y "Arma XIII", dibujados por el horrendo Igor Kordey, pierden muchos enteros pese a su calidad general. Lo mismo se podría decir de "Asalto a Arma Plus", dibujado por Chris Bachalo, aunque eso va más por gustos (en mi caso no soporto su estilo de dibujo). En cuanto a otros dibujantes de esta etapa, como Ethan Van Sciver o Phil Jimenez, pese a que su trabajo está a un buen nivel se queda corto en comparación con la calidad de sus trabajos posteriores.

Pese a estos pequeños baches, la etapa de Morrison rezuma originalidad y frescura. Sin embargo, pese a ser provocadora y transgresora, no deja de tener cierto regusto clásico. "Viejos conceptos bajo un nuevo enfoque" podría ser la mejor forma de definir esta etapa, que establece cierto paralelismo con la clásica etapa de Claremont-Byrne (para muchos la mejor de toda la historia de los mutantes). Morrison innova como nunca nadie se había atrevido a innovar en la franquicia X-Men, siendo fiel a su estilo y a su pasión hacia los personajes extravagantes y marginales, llevando conceptos clásicos (como el conflicto humano-mutante) hasta su último extremo y salpicándolo todo con algunos diálogos que perdurarán en el recuerdo del lector. Sus New X-Men albergan una lectura a múltiples niveles y, aunque quizá no sean del gusto de todos, son una de las mejores etapas por las que han pasado los mutantes a lo largo de sus muchas décadas de historia. Es más, probablemente sus New X-Men sean la última gran etapa por la que han pasado hasta ahora.

Pero la editorial es como es y, tras la marcha del escocés loco, sus ideas han sido sistemáticamente destruidas, dando marcha atrás y deshaciendo todos los interesantes avances que Morrison había puesto en marcha. Y aún así, muchos se alegraron de que aquella época disparatada se borrase prácticamente de la historia mutante, quedando sólo vestigios como la presencia de la Reina Blanca. Por suerte, otros muchos que empezaron viéndola con malos ojos y considerándola un verdadero disparate con el tiempo han acabado apreciándola y considerándola toda una genialidad.